aristocráticas eran tan altos que pocas de ellas perduraban algo más que unas cuantas generaciones. Por poca que fuera, la cohesión social que la aristocracia latinoamericana podía conseguir provenía de los lazos de parentesco y no de la vida pública (Kicza, 1984; Langue, 1995). Vicente Cañete, un funcionario público con una larga y destacada carrera en la burocracia colonial y los cuarteles generales de Madrid, señaló: En España había habido fraternidad entre las familias [nobles] y tenían estas lazos públicos y privados con los plebeyos, lo cual habíales permitido promover sus intereses y atender a sus necesidades y las de la sociedad. Las dichas familias estaban relacionadas entre sí y con el monarca. Toda la cadena era recorrida por una corriente eléctrica que las vinculaba, instilando en cada persona un sentido de dependencia y reciprocidad mutuas que servía para unificar y mantener un equilibrio político y que llevaba a cada una a velar por los intereses civiles de las otras. […] En América ha ocurrido lo contrario. Cada familia se considera una isla aislada en medio de la mar; cada una se interesa solamente en sus propios asuntos. Los ciudadanos no colaboran, y todos los lazos que han establecido, cualesquiera que sean, los ligan a los funcionarios y magistrados [coloniales]. […] Esto ha convertido a los últimos en arrogantes y ambiciosos, y a los primeros en débiles y serviles (1810, pp. 2-3 y 8-9). La nobleza de América Latina era débil, estaba desorganizada y se subordinaba a los funcionarios del Estado y la Iglesia. FRAGMENTACIÓN RACIAL Y ÉTNICA Mestizos, criollos de piel clara, indígenas y negros se mezclaban en la vida pública, pero era muy poco habitual que forjaran vínculos estables entre sí46. El sistema de divisiones y estamentos étnico raciales en América Latina era doblemente discriminatorio y mucho más rígido y complejo que el sistema de estratificación corporativa del Viejo Mundo (Fairchilds, 1986; Lehning, 1995). Las distinciones étnico raciales impregnaban la sociedad colonial y eran más pronunciadas en el fondo de la escala social, entre los mestizos, carentes de un perfil claro e inestables debido a la mezcla. Estos mestizos camuflaban de diversas maneras su identidad étnico racial: sobornaban a los párrocos para que falsificaran sus certificados de nacimiento y bautismo; informaban de una identidad diferente a los empadronadores y las autoridades locales cada vez que se mudaban de barrio; usaban pantalones de algodón, zapatos y sombreros; aprendían a leer y escribir y 47
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