digamos, el sistema judicial a la Iglesia, o verticalmente, del virrey y su personal instalados en zonas urbanas a los funcionarios de los distritos rurales. Pero este sistema rara vez permitía a los grupos coloniales llegar a ser autónomos a través de la acumulación de poder o el desarrollo de nuevos recursos y su uso para impugnar a funcionarios estatales y eclesiásticos y su control de la vida pública. En los hechos, los funcionarios del Estado y la Iglesia se apoyaban en los grupos coloniales con el objeto de fortalecer su posición dentro del gobierno. LA ARISTOCRACIA TERRATENIENTE Bajo el Antiguo Régimen, la aristocracia europea había tenido un papel central en la difusión de las prácticas cívicas en la vida pública. Además de «civilizar» al campesinado e inculcarle una idea de reciprocidad y obligación mutua, la aristocracia tenía la responsabilidad de preservar la autonomía comunal e impedir que el rey centralizara el poder. Pero América Latina nunca tuvo una aristocracia propiamente dicha. En esta parte del mundo, la nobleza jamás disfrutó de los derechos feudales, los privilegios corporativos y las inmunidades legales que sus pares habían tenido en el Viejo Mundo (Góngora, 1970)43. Por otra parte, la pequeña nobleza latinoamericana nunca tuvo nada parecido al parlamento inglés, los Estados Generales franceses y ni siquiera las cortes españolas, donde pudiera reunirse, negociar y, de ser necesario, desafiar al monarca (Tocqueville, 1955)44. En realidad, la nobleza no era en América Latina otra cosa que un grupo de comerciantes y mineros de movilidad ascendente que habían comprado títulos honoríficos no mucho tiempo atrás con el objeto de ganar prestigio en la sociedad colonial. Pocos de ellos, sin embargo, eran capaces de lograrlo. Sus propios pares y la gente del común que trabajaba para ellos los ridiculizaban, lo cual hacía que la pequeña nobleza fuera aún más pretenciosa y se inquietara aún más por su estatus. En todo caso, la mayoría de las familias aristocráticas, incluso en México y el Perú, donde vivían las más adineradas, padecían aprietos económicos y se encontraban al borde de la ruina. Sus latifundios estaban fuertemente sujetos a vínculo con la Iglesia, por lo cual significaban para esta enormes sumas anuales que se destinaban a financiar las actividades religiosas y de beneficencia (Bauer, 1971; 1983)45. Los índices de bancarrota entre las familias 46
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx