2 Mi interpretación le debe mucho a Walzer (1995; 1983). 3 Riesman, Glazer y Denney (1950); Banfield (1958); Sennett (1978); Odeye-Finzi (1985); Bellah, Madsen, Sullivan, Swidler y Tipton (1985); Boschi (1987); Wolfe (1989); Escalante Gonzalbo (1993); Putnam (1993); Bibic y Graziano (1994); y Wuthnow (1998). 4 Arendt (1963); Lipset (1964); Huntington (1968); Janowitz (1983); Botana (1984); Stepan (1988); Rosanvallon (1992); Pérez Díaz (1993); Harbeson, Rothchild y Chazan (1994); Norton (1996); Sandel (1996); Sábato (1998); Schudson (1998); y Diamond (1999). 5 Novak (1982); Berger (1986); Hann (1990); Hirst (1994); Gellner (1994); Fukuyama (1996); Kuttner (1997); y Mitchell (1997). 6 Almond y Verba (1965); Mansbridge (1983); Rama (1984); Habermas (1989); Warner (1990); Calhoun (1994); Tismaneanu (1995); Colas (1997); del Águila (1997); Alger (1998); y Lomnitz (2001). 7 Pongo entre paréntesis el problema del liberalismo y su relación con la democracia en América Latina por las mismas razones que aduce Dahl (1982, pp. 4-13). 8 Mi modelo tocquevilliano difiere del modelo habermasiano elaborado por Jean Cohen y Andrew Arato (1992). En tanto que estos autores se concentran en la esfera pública y su capacidad de influir sobre los constructores de políticas, yo atribuyo igual importancia a los cuatro terrenos. Mientras que ellos se ocupan de la «deliberación racional», mi principal interés es el papel de las prácticas narrativas en la formación de la individualidad. Mientras que ellos dan la primacía a los nuevos movimientos sociales durante los «momentos de crisis», yo centro la atención en las prácticas cotidianas de las asociaciones voluntarias durante los «períodos normales». Para terminar, mientras que ellos se interesan sobre todo en la contribución de esos movimientos a la integración del «mundo de la vida» a las «estructuras sistémicas», yo me ocupo de la disyunción entre los hábitos cotidianos y las estructuras institucionales. 9 En Nueva Inglaterra, la vida cotidiana a lo largo del margen económico seguía siendo autoritaria: «a medida que la masa de la nación se inclina a la democracia, la clase particular que se ocupa de la industria se vuelve más aristocrática. […] La aristocracia, huyendo de la sociedad política, se había retirado a ciertas partes del mundo industrial y establecido allí su imperio bajo una forma diferente». Sobre las prácticas antidemocráticas en los sectores políticos y sociales del margen, véase Tocqueville (1969, pp. 343 y 692). 10 Se encontrarán ejemplos de este problema en Gellner (1994), Boschi (1987) y Rosanvallon (1992). 11 Sobre el enfoque localista, véase Sandel (1996), Schudson (1998) y Wolfe (1989), quienes se concentran en las asociaciones de alcance nacional, pero discrepan en torno de si el establecimiento de lazos con el Estado beneficia o debilita la democracia moderna. Schudson hace una evaluación positiva, mientras que la de Wolfe es negativa. Se encontrará un resumen de este debate en su aplicación a los Estados Unidos en Skocpol, Ganz y Munson (2000). 12 Albert O. Hirschman (1994, p. 206): «Los lazos sociales […] mantienen unidas las sociedades democráticas y les proporcionan la fuerza y la cohesión que necesitan». 39
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx