13 Al desarrollar el argumento de Tocqueville sobre el poder social, Arendt también lo distorsionó, ya que se concentró en los hechos «heroicos» y no en la vida cotidiana e ignoró la importancia del poder económico. Se encontrará una reseña de su obra en Pitkin (1998). 14 Ilustran este problema Stepan (1988), Wuthnow (1998) y Diamond (1999). 15 En Swartz (1997, pp. 117-142 y 290-293) se hallará una evaluación crítica. 16 A pesar de sus diferencias, Banfield (1958), Huntington (1968) y Putnam (1993) tienen una concepción estática de los hábitos, pero discrepan en cuanto a la manera de cambiarlos. Banfield sostiene que son resistentes al cambio. Huntington y Putnam afirman que se los puede modificar: el primero hace hincapié en el papel de la dominación institucional, y el segundo, en el del egoísmo. 17 Sobre la influencia que los efectos «prospectivos» y «retrospectivos» tienen en la toma de decisiones, véase Elster y Loewenstein (eds.) (1992, pp. 213-234). 18 El juicio práctico y el conocimiento teórico difieren en varios aspectos. Los estudiosos partidarios del primer enfoque ponen el acento en el papel de las prácticas locales e informales en la constitución de la vida pública (modelos estocásticos). A su entender, la única manera de comprender una forma dada de vida es sumergirse en ella. Los estudiosos inclinados al segundo enfoque destacan el papel de las reglas codificadas y los principios abstractos en nuestro afán de comprender la vida pública. Para ellos, la única manera de obtener un conocimiento objetivo de esos principios y eliminar los sesgos personales es el recurso al método científico. 19 Siegel (eds.), (1999) hace un inteligente y lúcido examen del debate. 20 Habermas (1989), Rama (1984) y Mansbridge (1983) ejemplifican este defecto. 21 Véase también Dewey (1954, pp. 38-39, 62-72, 75-84, 110-142 y 206-217). 22 Ricoeur (1981, p. 278) no niega la importancia del «poder» (Foucault) ni el papel de las «pretensiones de validez» (Habermas) en los debates públicos. Pero Ricoeur no toma partido en este debate, dado que su interés radica en el estudio de la relación entre historias y relato, o «puesta en intriga», es decir la manera como diversos grupos «representaban» el poder y la verdad en la vida pública. 23 Se encontrarán ejemplos de este supuesto en Almond y Verba (1965), Pérez Díaz (1993) y Fukuyama (1996). 24 Vésar Ricoeur (1974) sobre la relación entre «uso pragmático» y «significado semántico». 25 Véase también Sahlins (1981, p. 35). 26 Compárese este tratamiento parsoniano de las tradiciones culturales con la exposición hermenéutica presentada por Gadamer (1975). 27 No analizo las obras publicadas con anterioridad a la revolución cubana de 1959, entre ellas las de Cosío Villegas (1957), Donoso (1946) y Romero (1946). Estos autores se contaron entre los primeros en argumentar en favor de la existencia de una tradición democrática distintiva en la América Latina decimonónica, pero al describirla se concentraron en las cuestiones constitucionales y no en las prácticas cotidianas, como yo hago en este trabajo. 28 Forment (1992) ofrece una evaluación detallada. 29 Véanse también Johnson (1964), Anderson (1967), Silvert (1966), Needler (1967), Germani (1971) y la magistral obra de Guerra (1988). 40
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx