implementación de sus políticas. Para eliminar el legado del apartheid, los dirigentes del Congreso se vieron obligados a imponer un control sobre las mismas asociaciones cívicas que hasta ese momento habían sido autónomas y proliferaban en toda la región: «el derrumbe de una sociedad civil embrionaria de sindicatos y organizaciones cívicas autónomas [fue provocado por] su absorción en la sociedad política, [que a su vez fue la consecuencia del] […] nacionalismo de Estado» (Mamdani, 1996, p. 88). En África, como en el caso de la India, la sociedad civil nunca ha sido otra cosa que un «constructo marginal». Mi trabajo está en diálogo con la obra de Chatterjee y Mamdani y procura dilucidar hasta qué punto el legado colonial dio forma a la vida pública peruana durante el período poscolonial36. La España imperial gobernó el Perú durante casi cuatrocientos años, mucho más que los británicos en la India o cualquier potencia europea en África, por lo cual ese país es un lugar ideal para evaluar el impacto del régimen colonial sobre la vida pública. Como en los casos indio y africano, la dominación española en el Perú se basó en la segregación racial y étnica y una combinación de gobierno «directo» e «indirecto». Los funcionarios coloniales y los eclesiásticos tenían un control directo de la vida diaria en los centros urbanos y ejercían un control indirecto sobre el campo, apoyados en los jefes de las aldeas y los propietarios de fincas para mantener su autoridad sobre los pueblos rurales. Como en el caso africano (pero no el indio), el colonialismo español también hizo profundas incursiones en el dominio comunitario privado, donde se respaldaba en los hombres de la Iglesia para ejercer influencia moral sobre la vida familiar y hasta la conciencia de cada individuo, por la vía del confesionario. El Perú (junto con México) tenía tanto los yacimientos de plata más ricos del mundo como la mayor concentración de indígenas de la región, a quienes se obligaba a trabajar en las minas de las cercanías. La España imperial estableció sus instituciones más importantes (virreinato, Audiencia, obispado) en México y el Perú, y desde allí gobernó todo el continente. El legado del colonialismo fue muy fuerte en el Perú. En contraste con Chatterjee y Mamdani, yo he puesto el acento en las discontinuidades entre la vida colonial y poscolonial, al destacar la ruptura de los latinoamericanos con sus hábitos autoritarios y la adquisición de hábitos democráticos. 37
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