La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

términos de Paul Ricoeur22. En la vida de todos los días, los ciudadanos conversaban en términos coloquiales de las cuotas mensuales, de las calificaciones morales de un candidato y de si el grupo debía intervenir en la política regional o nacional, pero sin detenerse nunca a ponderar el significado más profundo o la significación más amplia de los términos que utilizaban. En la vida asociativa, los ciudadanos se limitaban a charlar, expresándose en un estilo un tanto entrecortado y telegráfico, porque ya estaban familiarizados con los «supuestos» y las «expectativas» de sus interlocutores, para recordar el argumento de Bernstein (1964). En la esfera pública las prácticas comunicativas eran levemente diferentes. Los párrocos, los maestros, los abogados de pueblo, los escritorzuelos, los periodistas y otros intelectuales se valían de términos y frases similares a los empleados por los ciudadanos en la vida diaria. Los intelectuales públicos, en contraste, se especializaban en la producción de grandes relatos. Como trataban de llegar a una audiencia más vasta acerca de la cual conocían muy poco, tenían que discutir los asuntos públicos de una manera relativamente explícita y coherente. En los capítulos históricos me he concentrado en la superposición y el juego recíproco entre la circulación de historias en la vida cotidiana y los relatos en la esfera pública, así como en la manera en que estos daban forma al desarrollo de la opinión pública en el Perú poscolonial. Sexto y último: los tocquevillianos suponen que la democracia se basa en una serie de normas abstractas y universalistas procedentes de la tradición puritana inglesa o republicana francesa23. Pero cuando los latinoamericanos ejercían la democracia en la vida cotidiana, lo hacían sobre la base de sus propios recursos narrativos enraizados en el catolicismo cívico. Los ciudadanos usaban los mismos términos religiosos —razón, pasión, libre albedrío, etcétera—, pero los pronunciaban de manera un tanto diferente. Que dichos términos adquirieran connotaciones democráticas o autoritarias en la vida diaria era el resultado del «uso pragmático» y no del «significado semántico»24. En palabras de Marshall Sahlins (1985, p. 86): La historia es ordenada por la cultura, y lo es de diferente manera en diferentes sociedades, en función de esquemas significativos. […] También es cierto lo inverso: los esquemas culturales son ordenados por la historia, dado que en mayor o menor grado los significados se reevalúan cuando se realizan en la práctica. […] Y en esa medida, la cultura se modifica históricamente en la acción. […] [La] idea más general […] puede resumirse en la afirmación de que lo que los 29

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