Nuestras acciones en la vida cotidiana están bajo la influencia de la experiencia previa y de nuestras cambiantes expectativas con respecto al futuro. Mientras «habitamos» el presente, también modificamos nuestra relación con el pasado y el futuro, lo cual nos lleva a escoger y recordar únicamente las experiencias que son pertinentes para dar sentido al presente, por un lado, y cambiar nuestras metas futuras a la luz de la situación en cuestión, por otro. El intento de conciliar nuestro recuerdo del pasado con nuestra visión del futuro en función de las oportunidades y restricciones que enfrentamos en el presente es lo que Charles Taylor y otros neoaristotélicos llaman «juicio práctico» (Taylor 1989; Beiner 1983)18. Los peruanos que habían pertenecido a las mismas redes autoritarias a veces rompían con ellas y llegaban a tener participación activa en redes democráticas; del mismo modo, los ciudadanos que participaban en redes disímiles (autoritarias o democráticas) a veces coincidían e intervenían en redes similares. Los juicios prácticos —no solo la elección racional o los lazos forjados en las redes— permitían a los latinoamericanos maniobrar a través de la vida pública de una manera innovadora y creativa. El juicio práctico les posibilitaba disociar su yo imaginado de su yo pasado19. Al transformarse a sí mismos, también modificaban el paisaje público. Quinto: los tocquevillianos suelen describir la esfera pública como un lugar unitario, y la opinión pública como una discusión racional acerca de la «voluntad general» entre un número selecto de miembros de las elites20. Pero en América Latina hubo tantos sitios deliberativos como grupos sociales, y las prácticas comunicativas que florecieron en cada uno de ellos eran modelados por las prácticas locales. En palabras de Peter Stallybras y Allan White: [Las prácticas deliberativas] se regulan por medio de las formas de la asamblea corporativa en que se producen […]; cada lugar de asamblea es un ámbito diferente de intercambio que exige maneras y una moral diferentes […]. [La] formación de nuevos [significados] […] puede explorarse a través del surgimiento de nuevos sitios públicos […] y la transformación de los antiguos (1986, p. 80)21. En mi estudio he procurado mostrar que las «pequeñas historias» que los ciudadanos se contaban unos a otros en la vida cotidiana de la sociedad civil, económica y política, estaban relacionadas con los «grandes relatos» producidos por intelectuales públicos en la esfera pública, para utilizar 28
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