La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

a lo largo del tiempo y de un país a otro, pero esta variación debe explicarse desde un punto de vista sociohistórico y no deducirse de nuestras convicciones ideológicas. Como ocurrió con los Estados y los mercados, la vida pública latinoamericana se expandió y se contrajo en distintos momentos y asumió una asombrosa variedad de formas y tamaños. Segundo, los tocquevillianos describen en términos hidráulicos la relación entre la vida asociativa y el Estado central. Para los «localistas», la manera más eficaz de salvaguardar la democracia consiste en que los ciudadanos organicen asociaciones locales y las utilicen para impedir la intromisión del Estado en la vida interna de su comunidad. Los «colectivistas» discrepan. El mejor servicio que puede prestarse a la democracia pasa por la organización ciudadana de asociaciones nacionales y su uso para movilizar influencias y forzar a los funcionarios gubernamentales a responder a sus exigencias11. Sin embargo, desde una perspectiva tocquevilliana, el hecho de que una asociación tuviera alcance local o nacional y estableciera o evitara establecer lazos con los funcionarios estatales es secundario con respecto a la cuestión de si estas y otras prácticas contribuían al desarrollo de la «soberanía del pueblo» (Tocqueville, 1969, pp. 397 y 669). La soberanía del pueblo —o poder social, para abreviar— es el tipo de poder que los ciudadanos generan cada vez que se organizan en grupos estables y cohesivos y encuentran la manera de resolver sus diferencias entre sí y cívicamente12. Para los tocquevillianos, el poder social es el tipo más confiable y «potente» de poder al alcance de los ciudadanos en una democracia moderna, y supera en ese aspecto a todos los demás, incluidos los basados en la dominación institucional, la violencia militar y la explotación económica. En palabras de Hannah Arendt: El poder nunca es propiedad de un individuo; pertenece a un grupo y solo pervive mientras este se mantiene unido. […] Todas las instituciones políticas son manifestaciones y materializaciones del poder; se petrifican y se desintegran tan pronto como el poder vivo del pueblo deja de sostenerlas (1969, p. 44)13. En mi estudio, examino las prácticas cotidianas y las estrategias colectivas que salieron a la luz en un gran número de grupos voluntarios de cada región, con el objeto de determinar si contribuyeron o no a difundir el poder social en la sociedad civil, la sociedad económica, la sociedad política y la esfera pública. 25

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