La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

eso apoyamos la descentralización del gobierno, para convertir al Perú en una federación de provincias […] y crear la mayor cantidad posible de centros autónomos de poder, responsable cada uno de ellos de los asuntos locales. La federación no conduce al caos y el desorden, como sostienen algunos; de hecho, es la única manera práctica de asegurar el buen funcionamiento de nuestro gobierno republicano. El gobierno central es incapaz de atender las necesidades locales de nuestras comunidades […], y la prueba es que muchas de las personas designadas en los cargos de prefecto, subprefecto y gobernador se comportan como sultanes en sus regiones, no contribuyendo absolutamente en nada a mejorar las condiciones morales y materiales de vida y velando solo por sus propios intereses. […] Este sistema monocéntrico implica un perjuicio para todos nuestros departamentos (El Comercio, 1874a, p. 2)179. La libertad municipal y la nacionalidad iban de la mano. En la escala del poder social, el poder municipal es con mucho el más antiguo e importante, dado que es el responsable de satisfacer las necesidades locales de la población. Antes de poder atender nuestras necesidades generales y contribuir al bien nacional, debemos velar por nuestras necesidades municipales. Las municipalidades nacieron para responder a las necesidades y prácticas habituales de los habitantes del lugar, y la continuidad de su existencia está asegurada por su capacidad de conciliar los intereses comunales con los de la nación (El Comercio, 1858a, p. 2). Según esta concepción, la integración nacional solo se produciría en la medida en que los ciudadanos fueran capaces de ejercer la soberanía del pueblo en el nivel local, los municipios. Los grupos cívicos estaban preocupados por la excesiva politización que el Estado central y algunos de sus representantes locales imponían a los municipios, lo que significaba negarles la capacidad de ocuparse de sus obligaciones administrativas. Los habitantes de innumerables comunidades del país entero denunciaban a los funcionarios gubernamentales por socavar la libertad municipal. Los editores de El Comercio coincidían con esos vecinos y los apoyaban: Las municipalidades no tienen nada que ver con la política. Son los intereses locales lo que debe moverlas, y nada más que ellos. […] Pero tal como están hoy las cosas, son los políticos quienes eligen a la mayoría de nuestros ediles, en función de criterios partidistas. […] Esa es la razón por la cual esos cuerpos no suelen ser capaces de representar las necesidades generales y comunes de sus vecinos (El Comercio, 1877a, p. 2). 246

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