anónimas para el desarrollo de la vida económica en el Perú. Pero estaba igualmente interesado en ellas como vehículo para descentralizar la riqueza y democratizar la propiedad y las relaciones de autoridad: Existe en realidad una meta común entre quienes forman parte de la misma asociación. […] Para que haya un auténtico espíritu asociativo, empleadores y empleados deben tener la oportunidad recíproca de participar en sus obligaciones y tareas. Cuando alguien trabaja por un salario […], por lo común no está interesado en la tarea que se le asigna. Sucede lo contrario, en cambio, cuando un empleado puede compartir las pérdidas y ganancias de su asociación; este arreglo alienta a cada individuo a interesarse en el bienestar de todos. […] [Nuestras] fábricas y casas comerciales más exitosas han prosperado y son estables porque sus miembros han adoptado este modelo asociativo. […] Solo si llevamos a la práctica este modelo organizativo en los sectores industrial, agrícola y comercial […] podremos traer progreso material a nuestro país (García Calderón, 1860a-1, pp. 228-229). Este modelo asociativo de vida económica nunca se llevó a la práctica en el Perú. Los intelectuales públicos también discutían el problema del crédito. Casi todos ellos estaban convencidos de que el sistema existente era autoritario y debía reformarse de inmediato. José Martín de Cárdenas, un influyente empresario de Lima, describía así la situación: El crédito es […] hoy en la esfera económica lo que el vapor como fuerza motriz en la mecánica […]. Hablo de la democratización del crédito. En el Perú, país democrático […], cosa rara, el crédito está aristocratizado […]. Unas cuantas casas de comercio son las que hoy abarcan los beneficios del crédito entre nosotros, dando la ley a toda la sociedad (citado en Macera, 1977b, p. 136). La democratización del crédito estaba ineludiblemente ligada a la difusión de la confianza social en el ámbito económico: En los países donde el crédito es poderosa palanca de riqueza, sabido es que se supone en el deudor: cierto grado de solvencia; cierto grado de honorabilidad y circunspección personal, y cierto grado de capacidad para manejar los negocios […]. Cuando estas circunstancias concurren, el crédito tiene el efecto […] de convertir […] en capital circulante [las] cualidades morales del prestamero […]. El crédito verdadero vive de la confianza […]; la usura, por el contrario, vive cuando la confianza falta (Capelo, 1895-1902-3, pp. 129-131). El progreso económico y el desarrollo moral se consideraban mutuamente dependientes. En la década de 1870, economistas y empresarios publicaron numerosos artículos periodísticos y prestaron 244
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