La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

El Hijo del Pueblo, la principal de las publicaciones de los artesanos, esbozaba sus puntos de vista de esta manera: El espíritu de asociación está empezando a propagarse entre nosotros. […] Desde hace ya algún tiempo han aparecido diferentes tipos de asociaciones; todas ellas tienen finalidades muy dignas de elogio […]. Sin embargo, los reglamentos y principios fundadores de muchas predican la exclusión, la desigualdad y el egoísmo. […] Uno de los requisitos para integrar estas asociaciones es ser de tal o cual nacionalidad, tener tales o cuales rasgos u ocupar tal o cual lugar [en la vida pública] […]. Si bien es cierto que la homogeneidad es conducente a la vida asociativa, esto solo debería entenderse en función de […] los objetivos del grupo, y no del rango o la nacionalidad del candidato. Por ejemplo, las sociedades de auxilios mutuos que han sido organizadas por peruanos deben admitir en sus filas a quienes no son peruanos. […] La Sociedad estima que los verdaderos fundamentos de la sociabilidad son la universalidad y la homogeneidad, y por eso no ha de excluir a nadie. […] Tenemos una única exigencia: que la persona contribuya al progreso moral del país (El Hijo del Pueblo, 1864, p. 1). La estabilidad y el éxito de la vida asociativa, sostenían, dependían de los ideales y las metas de la ciudadanía, y no de sus características socioétnicas. Los Estudios sobre la independencia económica del Perú, de Juan Copello y Luis Petriconi, fueron posiblemente la obra más influyente publicada en la época sobre el tema del desarrollo económico. El libro resumía los principales problemas que enfrentaban los miembros del establishment financiero y empresarial peruano. En el capítulo 16 los autores sintetizaban sus descubrimientos y hacían recomendaciones en cuanto a las políticas prácticas. Y destacaban dos cuestiones: la necesidad de incrementar la «productividad laboral» y desarrollar el «espíritu de asociación». A su entender: En un comienzo, nuestros empresarios carecían de toda experiencia [en materia de sociedades anónimas] y por eso se explotaban unos a otros. Pero la situación está cambiando. El crecimiento del espíritu asociativo en nuestro país dependerá de nuestros dirigentes de empresa, de su aptitud para hacer rentables estas firmas y de la disposición [de los accionistas] a asumir su responsabilidad por ellas (Copello & Luis Petriconi, 1876, pp. 36-38). Los puntos de vista de Copello y Petriconi eran representativos de los empresarios y financistas más acaudalados y emprendedores del país. Fernando García Calderón, un distinguido abogado y miembro activo del Partido Civil, también hacía hincapié en la importancia de las sociedades 243

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