se habían exhumado recientemente a raíz de unas obras públicas. Con el fin de ganar apoyo y recolectar fondos para su proyecto, Ayllón organizó conferencias públicas, hizo circular petitorios, publicó artículos en El Comercio y otros diarios e incluso compareció ante los miembros del Congreso. Estos habían gastado una suma considerable en una estatua de Cristóbal Colón, y ahora debían hacer lo mismo por el inca Cápac: En las naciones de Europa y América […], los venerables restos de los reyes, emperadores o grandes hombres […] son colocados en un lugar distinguido, erigiéndoseles mausoleos, estatuas o pirámides, que inmortalicen su nombre de generación en generación. […] Huayna Cápac, señor, no tiene menos merecimientos que Cristóbal Colón y Bolívar (citado en Majluf, 1994, p. 33)177. El Congreso rechazó su pedido. El lugar de las momias incas estaba en los museos, repositorios de la historia muerta, y no en la vida pública, sitio de la memoria viva. Terminado en 1872, el Palacio de Exposiciones Nacionales estaba situado en las afueras del sur de Lima. Era un edificio imponente que albergaba una impresionante colección de objetos arqueológicos y especímenes de la flora y la fauna de todo el país. Construido en el estilo renacentista de un palazzo italiano, se levantaba en medio de un vasto campo y estaba rodeado por un muro de hormigón armado de quince metros de alto. Los visitantes tenían acceso al palacio a través de tres pórticos (Middendorf, 1973-1, pp. 441-444.). Una gran cantidad de plantas, árboles y arbustos exóticos y regionales se exhibían a lo largo de los cuatro lados del atrio, cada uno de ellos señalado claramente con su nombre científico y su nombre común, así como su lugar de procedencia. Esta era la primera exposición pública de flora peruana. Es más que probable que los visitantes se identificaran con la flora de su departamento natal y asociaran la diversidad regional de la vida vegetal con el federalismo político, si bien no puedo aducir ninguna prueba documental en respaldo de esta tesis. Hacia uno de los lados del atrio se erguía el pabellón principal, un largo edificio de dos pisos que albergaba las exposiciones más importantes. En la planta baja, cerca de la entrada, se exponían una serie de máquinas, herramientas y artilugios tecnológicos inventados o fabricados por peruanos. La exposición pretendía honrar el «genio» de los peruanos y mostrar que la nación estaba en camino a la modernidad y la industrialización. La mayor parte del primer piso estaba ocupada por una 241
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