En su presentación enciclopédica de la vida pública de Lima, Manuel Atanasio Fuentes explica por qué no ha incluido un examen de las celebraciones patrióticas: «Las fiestas cívicas están muy lejos de merecer elogios ni una detenida relación» (Fuentes, 1966a, p. 454). La única vez que un gran número de habitantes de Lima participó con entusiasmo en una celebración fue en 1874, para conmemorar la victoria naval del Perú sobre España en 1866176. La concurrencia estaba compuesta por muchos «negritos […], indios y blancos, hijos de la Ilustración que hoy mora entre nosotros. […] La igualdad ya no es una mentira. La educación, brillante sol de la democracia, resplandece hoy sobre nosotros» (Fuentes, 1966a, pp. 454-455). Esta celebración fue financiada y organizada por el municipio y no por el gobierno central: «En el pasado, las celebraciones cívicas quedaban en manos de los funcionarios gubernamentales; hoy lo están en las de las municipalidades, circunstancia digna de elogio y que merece reconocerse» (El Correo del Perú, 1873b, p. 249). El hecho de que el municipio decidiese celebrar el 2 de mayo y no la guerra de la independencia es significativo en sí mismo. Los civiles tuvieron un destacado papel en el primero de esos acontecimientos, mientras que los caudillos militares predominaron en el segundo (Pardo, 1863; Laso, 1863, p. 106; Fuentes, 1860, p. 255). Un testigo presencial hizo una detallada descripción de la celebración, que vale la pena citar in extenso: [Un grupo de estibadores] trasladaron la figura de la Libertad a través de la plaza sobre un carromato habitualmente utilizado para la carga [de materiales a granel] […]. La cubría una toga de un blanco inmaculado […]; la persona que la representaba saludaba a quienes se encontraban en la ruta del desfile y les decía que carecía de importancia que la estatua de la Libertad fuera remolcada en el carromato de los estibadores; lo único que importaba era nuestra patria, y nada más. Tras la figura de la Libertad venían la compañía de bomberos conocida con el nombre de Lima y […] varios dirigentes cívicos; todos ellos montados en una bomba de incendio […]. Sin embargo, la carroza más importante era la encabezada por el doctor Bambarén. […] Tiraban de ella dos grandes caballos resoplantes que figuraban una locomotora […]. Los conducía un negrito […]. Los ocupantes de esta carroza, Melchor y Gaspar (los magos que, junto con Baltasar, llevaron mirra e incienso al Niño Jesús), simbolizaban la libertad de ambas razas [blanca y negra] y ambos mundos [el nuevo y el viejo]. […] [Tras una interrupción] la celebración se reanudó a la tarde. […] Los integrantes del desfile se disponían en el siguiente orden: [en primer lugar] cuatro guardias de 239
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