rivales, y de ese modo les enseña a ser críticos y tolerantes. Los debates públicos les facilitan la transformación de sus preocupaciones «particularistas» en preocupaciones «universales». Además, la esfera pública, más que cualquier otro ámbito, propone a las mujeres, los grupos raciales y étnicos y otros sectores marginados una manera de ampliar la agenda pública y, de tal modo, tener acceso a la vida pública. Estos cambios han democratizado la esfera pública, pero también contribuyeron a la declinación de la deliberación crítica y la difusión de «entretenimientos masivos». A causa de ello, la democracia se ha convertido en un «deporte de espectadores» que se ve en la privacidad del hogar. Mi concepción de la vida pública en América Latina está influenciada por la obra de estos tocquevillianos7. He dividido el paisaje público en cuatro terrenos: la sociedad civil, la sociedad económica, la sociedad política y la esfera pública8. Diagrama 1.1. La vida pública en América Latina: una perspectiva tocquevilliana Mi trabajo se concentra en las prácticas democráticas en el núcleo, y hace caso omiso del margen donde el autoritarismo sigue siendo dominante y extendido. Esta postura quizá parezca extraña. Después de todo, en el siglo XIX la mayoría de los peruanos todavía vivían y trabajaban en fincas privadas y comunidades indígenas como peones asalariados, agricultores arrendatarios y aldeanos (Bauer, 1979; Knight, 1995). Si pongo el eje en el primer terreno y no en el segundo, es solo porque me interesa estudiar la aparición de hábitos democráticos, en vez de la reproducción de formas autoritarias de vida. Sea como fuere, los académicos ya han publicado innumerables monografías sobre la vida cotidiana en los márgenes, pero 23
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