opinión pública fue importante, pero la vasta mayoría de los peruanos seguía siendo analfabeta y no sabía hablar español. Señales visuales y nacionalidad Las celebraciones religiosas, las festividades patrióticas y los monumentos y museos públicos proporcionaban a los peruanos un lugar en la vida pública donde podían reflexionar sobre el significado de la nacionalidad y la democracia. Las fiestas religiosas comenzaban a perder importancia y ya no actuaban como adhesivo sociocultural. En Lima, «de pocos años a esta parte ha disminuido el número de fiestas y de procesiones y mucho más el fausto y la grandeza de las últimas. Las funciones de Semana Santa no son ya la sombra de lo que fueron» (Fuentes, 1867, p. 111). Entre mediados de la década de 1860 y comienzos de la década siguiente, la élite de Lima lanzó en toda la ciudad una campaña para suprimir los carnavales y obtuvo la adhesión de sus pares del interior para hacer lo mismo. Manuel Atanasio Fuentes, organizador y conductor de esa campaña, explicaba por qué querían abolirlos: los carnavales socavan «la jerarquía social […] y promueven la igualdad social» (Fuentes, 1860, p. 266). Tras intensos debates en la prensa, el Congreso decidió no prohibirlos. Sin embargo, sancionó leyes destinadas a mitigar su turbulencia. Fuentes se quejó y argumentó que los partidarios de la prohibición habían sido derrotados por la «opinión pública», que había logrado mostrarlos como «enemigos del pueblo». A su entender, muchos miembros de la élite limeña habían reculado cuando los diarios los acusaron de abrigar sentimientos antidemocráticos (Fuentes, 1866c, p. 292)175. La declinación de las celebraciones religiosas en las provincias tenía consecuencias mucho más grandes para la integración socioétnica de la vida pública y la concepción que los peruanos se hacían de sí mismos. En el pueblo de Huaylas (Ancash), en las profundidades del valle de Santa, más o menos a un día de cabalgata al norte de Lima, los lugareños y los miembros de las cofradías religiosas pasaban buena parte del año ahorrando dinero y esperando las celebraciones en honor de la Santísima Virgen, que duraban un mes entero. Pero la fiesta se había dividido en términos «raciales» y «étnicos» y había perdido toda la función integradora que podía haber tenido: 237
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