La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

arreglo: «nos era indispensable solicitar el apoyo del gobierno […]. No exigíamos […] un gran auxilio […]. Ochenta o cien suscripciones del ministerio, suscripciones que en mayor escala se otorgan a otros periódicos» (Palma, 1863, p. 405). Pese a sus estrechos lazos con los funcionarios gubernamentales, algunos escritores públicos podían mantener su autonomía, como lo indican las críticas que formulaban contra sus patrocinadores y sus políticas. Los más independientes participaban en la vida asociativa y contaban con el respaldo sociomoral de los miembros de sus grupos para protegerse de la presión que a veces ejercían sobre ellos los funcionarios del Estado. Los asociados se reunían con estos en privado y trataban de convencerlos de que cejaran en sus apremios. A partir de la década de 1860, la deliberación pública adoptó en Lima tonos mucho más moderados y críticos que en el pasado. Manuel Atanasio Fuentes, uno de los intelectuales más perceptivos del país, publicó por esa época un artículo en el que describía el cambio: Desde el año 21 hasta el 56, ha habido en la capital ciento veintiocho periódicos; cierto que algunos no dignos de un pueblo culto […] aun en medio de las menos aceptables publicaciones […] [un] desborde de inmundas difamaciones […]. Cierto es que el virus de la difamación principió a filtrar en [1]833 […]; se verá que las víctimas de la difamación no fueron sino los sectarios […]. Ese desenfreno es lo que se titula osadamente el derecho del pueblo. […] Desde que en octubre de 1862, los redactores del Comercio han creído que pueden ser los oráculos […], desde entonces se respeta la vida privada; de manera que El Comercio […] ha servido para purificar la sociedad (Fuentes, 1866d, pp. 194195). El cambio de estilo se reflejó en la diagramación de El Comercio y otros diarios. Con anterioridad, la propaganda gubernamental, las calumnias personales, los artículos de noticias y los editoriales aparecían en la misma página, como una muestra de que el límite sociocultural entre vida pública y vida privada era borroso. Hacia comienzos de la década de 1860, El Comercio y otros diarios importantes tenían tres secciones: 1) interés general; 2) espectáculos públicos, y 3) asuntos personales. Antes, las tres secciones aparecían juntas de manera confusa, pero después de 1859 se separaron para aparecer en diferentes partes del diario […]. Esto nos ha acercado a nuestro objetivo de ilustración y moralidad. Quienquiera que lea hoy la sección dedicada a los asuntos personales puede atestiguarlo (Leubel, 1861, p. 287). 232

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