La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

desertaron. El teniente Carey Brenton, un oficial y asesor británico del ejército peruano, explicó por qué: La mayoría de los oficiales […] son descendientes [aristocráticos] de los viejos colonizadores españoles, y tienen, por ello, poco en común con sus hombres. El espíritu de cuerpo es desconocido […]. Muchos […] [de los soldados] eran totalmente ignorantes de la causa por la cual peleaban, imaginando que se trataba de una revolución cuyas partes contrincantes eran lideradas respectivamente por el general Chili y por Piérola. También fui informado por un oficial de que muchos soldados habían dicho que: «ellos no se dejarían matar por la causa de los hombres blancos» (citado en Bonilla, 1974, p. 237). Una vez consolidado el control chileno de Lima, el general Patricio Lynch invitó al almirante francés Du Petit Thouars, un observador, a recorrer su hospital militar. Pabellón tras pabellón, hicieron a soldados chilenos y peruanos la misma pregunta: «Y ¿para qué tomó usted parte en estas batallas?» «Yo —le contestó el uno—, por don Nicolás». Y el otro: «Por don Miguel». Don Nicolás era Piérola; don Miguel, el coronel Iglesias. Dirigió luego la misma pregunta a dos heridos del ejército chileno y ambos le respondieron con profunda extrañeza: «¡Por mi patria, mi general!» Y Lynch, volviéndose a Du Petit Thouars, le dijo: «Por eso hemos vencido. Unos se batían por su patria, los otros por don fulano de tal» (citado en Bonilla, 1974, pp. 213-214). La mayoría de los quechuaparlantes y aimaraparlantes que defendieron Lima estaban muy lejos de sus hogares andinos y no tenían lazos con la capital ni con sus habitantes. En cuanto al interior, los indígenas del departamento de Junín ejercieron una suerte de nacionalismo campesino en una zona con forma de triángulo cuyos lados tenían unos sesenta y cinco kilómetros y su base alrededor de cien, con la ciudad de Jauja en el vértice superior y Chongos y Comas en los otros dos extremos. Antes de la guerra el valle de Mantaro era una excepción, habida cuenta de que sus habitantes tenían una rica y compleja tradición de democracia cívica, según lo indicaban el dinamismo de la vida municipal y los clubes electorales (Mallon, 1995, pp. 180-181). Durante el conflicto, los residentes del valle organizaron media docena de grupos guerrilleros (y unidades de caballería llamadas montoneras). Su composición social y estructura de mando mostraban grandes variaciones. Los grupos que actuaban en torno de Comas contaban con indígenas en sus filas y eran relativamente igualitarios; los de Jauja, aunque multirraciales y policlasistas, eran jerárquicos y clientelistas: 225

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