No puedes hacerte una idea de la impresión que esta marcha ha producido en toda la ciudad. […] Como sabes, nuestro partido se divide en secciones, cada una de las cuales está conformada por entre cinco y diez decurias; solo en Lima hay doscientas secciones. El día de la marcha, los dirigentes de cada sección se encontraron en la casa de sus respectivos jefes y de allí fueron a las parroquias, donde los esperaban sus adherentes. Exactamente a la una y media de la tarde comenzaron a marchar hacia […] Acho, cada dirigente a la cabeza de su grupo, desde las distintas parroquias de Lima. Este desfile de gente […] era tan largo que quienes formaban la retaguardia todavía estaban en la plaza Merced cuando los primeros manifestantes entraron a Acho. […] Los organizadores del acto habían indicado a todos que mantuvieran absoluto silencio durante la marcha, y así se hizo (citado en McEvoy, 1994, p. 82). Los manifestantes eran la encarnación misma de la soberanía del pueblo. El hecho de que hubieran mostrado un comportamiento ordenado era una prueba adicional de que los miembros del pueblo llano eran adultos racionales. Marchas similares se organizaron en el Callao, Cusco, Puno, Arequipa, Pasco, Trujillo, Huaraz, Piura, Tarma y Huancayo169. Guerra y ciudadanía La guerra con Chile forzó a los peruanos a modificar su forma y su estilo de practicar la política: se vieron precisados a dejar las municipalidades y los clubes electorales y pasar a los grupos guerrilleros basados en la noción jacobina de «nación en armas». Durante la primera mitad del siglo la vida política también había estado militarizada, pero, en contraste con esa época, ahora eran los ciudadanos y no los soldados quienes se convertían en los principales portadores de la democracia y la nacionalidad y practicaban así la soberanía del pueblo. En palabras de Nelson Manrique, la guerra fue el único acontecimiento desde la independencia que tuvo alcance nacional y lo sintieron de igual manera los habitantes de Tumber [en el extremo norte], Tarapacá [en el extremo sur], Iquitos [en la selva amazónica] y Puno [en el altiplano andino]. Aunque cada uno de ellos tuvo una experiencia diferente de la guerra, el efecto general del conflicto sobre los peruanos fue tan traumático como la conquista española (1988, p. 25). Al marchar a la guerra, los peruanos y los chilenos se encontraban en condiciones más o menos parejas, pero unas pocas semanas de combates bastaron para mostrar con claridad meridiana que los últimos serían los vencedores (St. John, 1992, p. 109). Una de las razones más importantes 221
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