Como el 25% de los trabajadores de Lima estaban desocupados y el 75% de los talleres de la ciudad habían quebrado en el último decenio, los artesanos no podían insistir en sus reivindicaciones en ninguno de los clubes electorales (Gootenberg, 1992, pp. 128-130 y 153). No obstante, sin ellos el Partido Civil no sería capaz de desmilitarizar la vida política. El partido controlaba ahora la municipalidad de Lima y varios organismos gubernamentales y estaba de acuerdo en financiar una serie de programas de obras públicas. Además de proporcionar puestos de trabajo a cuarenta mil artesanos, el gobierno empleó a muchos de ellos como soldados, milicianos y funcionarios públicos. Los editores de El Artesano, una publicación de y para los artesanos, señalaban: Los artesanos han abandonado sus talleres y viven de los dineros públicos. [El gobierno] ha corrompido nuestras costumbres y debilitado la moral pública. […] La pasión ha reemplazado el patriotismo y mancillado la reputación de todos los trabajadores. […] Hay una abundancia excesiva de empleados públicos y todos ellos son remunerados con dineros públicos (El Artesano, 1873a, p. 1). El Partido Civil hizo una evaluación correcta de la situación. En 1872 el ministro de guerra, Tomás Gutiérrez, en un último y desesperado intento de evitar que ese partido ganara, movilizó el ejército nacional, disolvió el Congreso y canceló las elecciones. Más de siete mil soldados se negaron a cumplir las órdenes y se unieron a los pobres de Lima, que levantaron barricadas en toda la ciudad. Luego de cinco días de combates, las tropas que se habían mantenido leales al gobierno se rindieron y el ministro de guerra y su hermano fueron capturados y ejecutados (Giesecke, 1977, pp. 13-15 y 118-123). Según el relato de un contemporáneo: «A la mañana siguiente los izaron y colgaron de la torre de la Catedral… donde permanecieron varias horas a la vista de toda la población de Lima, la multitud de mejor comportamiento que yo haya visto frente a un espectáculo semejante» (Hutchinson, 1873- 2, pp. 15-16). Era la primera vez en la historia del Perú que un partido lograba conducir una rebelión relativamente incruenta contra el ejército y ahorrar con ello al país otra oleada de guerras civiles. Los artesanos de Cusco consiguieron arrancar el control de la delegación local del Partido Civil a los propietarios de hilanderías, luego de más de diez años de esfuerzos. En 1877 esos mismos artesanos eligieron a Francisco González, un ebanista, como su representante en el Congreso. Era la primera vez que un artesano de provincia era elegido para desempeñarse en la legislatura nacional. Los artesanos de Cusco 219
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