La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

concerniente a los problemas «políticos», de modo que en cualquier momento dado los pueblos, las aldeas y las parroquias rurales tendían a dividirse en dos y hasta tres bandas rivales y cada grupo político era una amalgama policlasista en la que participaban terratenientes, comerciantes, campesinos minifundistas, artesanos cuasi urbanos y trabajadores rurales. [En el nivel departamental] los líderes de las facciones eran de ordinario los terratenientes más importantes o los propietarios de minas y comerciantes más adinerados, mientras que [en los distritos] la conducción solía quedar en manos de agricultores y comerciantes medianos o abogados. El escalón [más bajo] de una facción de estructura jerárquica informalmente organizada estaba por lo común compuesto de […] campesinos más ricos o los artesanos-agricultores más prósperos, que alimentaban sus propias ambiciones políticas y económicas y las de sus superiores en los caseríos (Taylor, 1996, p. 13). La élite política del Perú tenía necesidad de las «masas» para desmilitarizar el Estado, y, de igual modo, las masas necesitaban a la élite para mejorar sus oportunidades socioeconómicas en la vida cotidiana. Cada lado tenía que ceder y hacer concesiones al otro, y cuando no lo hacían, los lazos clientelistas entre ellos se deshacían y el campo quedaba libre para la formación de lazos democráticos. Los artesanos tenían un papel clave en la mayoría de los clubes electorales del país. En Lima, en los preparativos para las elecciones de 1866, más de «seiscientos artesanos conocidos y honorables» de diferentes clubes, entre ellos el Club Liberal (1866), la Sociedad de Orden (1866) y el Club Democrático (1866), celebraron una reunión en el atrio del convento de San Francisco para discutir inquietudes compartidas y elegir de común acuerdo a un candidato (El Comercio, 1866e, p. 2). Desde fines de la década de 1850 los artesanos limeños habían procurado organizar sus propios clubes políticos, convencidos de que esa era la manera más eficaz de promover sus reivindicaciones políticas: eliminación de la conscripción militar; protección estatal de la industria nacional; escuelas para sus hijos, y reconocimiento jurídico de todas las asociaciones cívicas y económicas (Pérez, 1858, p. 2; El Comercio, 1858f; 1858g, p. 2). Pese a sus reiterados intentos, nunca lograron independizarse políticamente de la élite: Abramos los ojos y no nos dejemos engañar [por los clubes electorales]. En vez de adherir a sus clubes y asistir a sus banquetes y asados, rehuyámoslos: solo intentan sembrar la corrupción en nuestras filas. Organicemos nuestras propias asociaciones […], donde podamos leer nuestros diarios y conocer el programa político de cada candidato (El Obrero, 1873b, p. 2). 218

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