La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

Los departamentos del sur, es decir Cusco, Puno, Ayacucho y Arequipa, contenían un tercio del total de gobiernos municipales. Los departamentos de la región central contenían el 31%, seguidos por los departamentos del norte (26%) y Lima y el Callao (10%). La mayoría de los consejos municipales tenía entre cinco y siete miembros, pero en Lima, el municipio más grande del país, había casi diez veces más. Las municipalidades ofrecían a los ciudadanos un espacio donde romper con sus hábitos anticívicos y forjarse inclinaciones democráticas. En un comienzo, la gran mayoría de los ciudadanos, aun en Lima donde vivía la élite de la nación, demostró poco interés por la vida municipal. Su apatía era tan grande que los editores de El Comercio los reprendían en las páginas de su diario: La apatía y la frialdad de nuestros ciudadanos son pasmosas. Se han negado a ocupar sus puestos en la municipalidad a pesar de haber sido convocados reiteradas veces. Ayer los escuchamos incluso quejarse de la falta de servicios municipales. […] Aunque siempre exhiben su patriotismo con ostentación, cuando la institución realmente los necesita hacen poco por ella. Les imploro por última vez que cumplan con su deber, siempre, claro está, que todavía puedan superar su egoísmo […] y sientan algún aprecio por la opinión pública (El Comercio, 1857a, p. 3). Durante sus primeros años de existencia la vida municipal en el interior vivió una lenta agonía. Tomás Dávila resumió así la situación: «mucho se ha dicho en su favor [de las municipalidades], pero en numerosos lugares aún son inexistentes y no han prestado ningún servicio a los ciudadanos» (Dávila, 1860, pp. 590-591). Poco después los ciudadanos comenzaron a participar activamente en la vida municipal. Durante su gira de un mes por el departamento de Piura, en el extremo norte, Próspero Pereira Gamba, un intelectual público de Lima, escribió: Como una prueba de que la descentralización es conveniente al departamento [de Piura], nos complacemos en reconocer que de los veinte y cuatro distritos de que consta, veintiuno tienen sus municipalidades regularmente establecidas […]. Mas a pesar de que la institución municipal ha surtido buenos efectos en casi todas las poblaciones, necesita todavía mayor amplitud en su desarrollo para que abarque en su esfera de acción cuanto concierne al interés local. […] [Por ahora,] todo beneficio o adelanto se espera siempre del gobierno supremo (1862, pp. 243-245). La vida municipal había echado raíces incluso en el sur del altiplano andino, en el departamento de Puno, el más pobre del país. Clements R. 211

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