La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

decidir si aprobar o no, caso por caso, el valor de los billetes [emitidos por cada banco]. […] Las decisiones tomadas por esta junta son de cumplimiento obligatorio. […] Y el acuerdo al que llega debe ser anunciado por personal del banco, así como deben enviarse copias a todas las empresas que prevean tener tratos comerciales con él (El Correo del Perú, 1873c, pp. 1-2). La Junta de Banqueros funcionaba como un organismo regulador. Pero el Estado peruano también decidió intervenir directamente y establecer un marco legal para impedir que volviera a producirse un desastre similar (Camprubí Alcázar, 1957, p. 176; Macera, 1977a-4, pp. 134-156; Bonilla, 1974, pp. 143-146, 172 y 187; Quiroz, 1993a, caps. 1 y 2)150. Hacia 1874, la junta y el Estado habían restablecido la confianza empresarial. En su informe anual al Congreso, el ministro de hacienda describió la crisis como «no solo económica, sino una muy seria crisis social y política […] con graves consecuencias para nuestras clases más vulnerables» (Elguera, 1908, p. 128; Camprubí Alcázar, 1957, pp. 204-205). La proporción entre la plata y el papel moneda creció con firmeza, de uno a cuatro antes de la crisis, a uno a dos. Según el ministro, «se ha restaurado la confianza pública en nuestra moneda» (Elguera, 1908, p. 128). Los artesanos coincidían con esta evaluación y organizaron manifestaciones masivas en respaldo de las políticas que se habían implementado (El Comercio, 1877h, p. 4; 1877i, p. 2). Ahorro y préstamo y cooperativas Las familias trabajadoras de medios modestos eran la columna vertebral de la vida comercial en las zonas urbanas del Perú. Para muchas de ellas, los bancos de ahorro y préstamo habían llegado a ser el tipo de asociación económica más importante en su vida cotidiana. Estas familias también organizaron cooperativas. Entretanto, en el campo, los aldeanos indígenas y los propietarios de fincas crearon una pequeña cantidad de cooperativas agrícolas: los primeros se apoyaban en ellas para proteger sus tierras comunales de los segundos, y estos, a su vez, recurrían a esas cooperativas para ampliar sus propiedades. El primer banco de ahorro y préstamo se inauguró en Lima en 1869 y el segundo en el Callao en 1878, y si bien no tenemos pruebas de la existencia de entidades similares en ninguno de los departamentos del interior, es probable que haya habido algunas en Junín y otras ciudades de intensa actividad económica (Caja de Ahorros de Lima, 1888, pp. 3-6). Las municipalidades desempeñaron un papel importante en la creación de 195

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx