funcionamiento de su empresa no se viera interrumpido. Quienes no lograban hacerlo iban a la quiebra. Si bien no hay que exagerar la influencia de esas compañías en la sociedad económica, esto no debe llevarnos a desestimarlas como insignificantes. Aunque solo había una docena, casi todas se concentraban en el mismo sector de la economía y estaban entre las empresas más grandes y financieramente más poderosas del país. Por otra parte, su administración y su funcionamiento las diferenciaban de cualquier empresa que hubiera existido en el período colonial, lo cual sugiere que sus accionistas habían roto con algunas de sus viejas costumbres y adquirido hábitos asociativos. Los empresarios peruanos, incluso los que participaban en sociedades anónimas, seguían haciendo una gran parte de sus negocios y obteniendo un importante porcentaje de sus ingresos a través de empresas familiares, que en el Perú no dejaban de ocupar un lugar dominante y central en el sector interno de la economía. En palabras de Jorge Basadre, el Código Comercial y el Código Civil de 1855: abrieron el camino hacia la titularidad personal de la propiedad así como hacia la disminución de las desigualdades hereditarias de los hijos y destruyeron algunas de las bases económicas que sustentaban a la antigua aristocracia; de esta manera se avanzó más hacia la igualdad [en la sociedad económica] que con la legislación antigua (Basadre, 1980, p. 15; 1961-2, pp. 937-946). La riqueza comenzó a dividirse entre los herederos, que la utilizaban para crear pequeñas empresas, lo cual hacía, como puntualiza Basadre, que la sociedad económica fuera un tanto más igualitaria que antes. Pero los códigos también alentaban a los integrantes de la familia a mancomunar sus recursos y crear clanes empresarios, muy parecidos a los que había en la sociedad económica mexicana. En contraste con las sociedades anónimas, las empresas familiares tenían una organización jerárquica y autoritaria: el patriarca de cada clan, en consulta con sus socios menores, es decir sus primos y sobrinos, decidía todos los asuntos relacionados con la firma, y lo hacía de manera informal en casamientos, bautismos y durante la cena de Navidad. Los propietarios o, para ser más preciso, los principales administradores de cada empresa familiar, solían reunirse e intercambiar información sobre arreglos comerciales y créditos, que les permitía maniobrar y mantener a flote su firma en la volátil economía peruana. Los clanes familiares aseguraban un ingreso a todos sus miembros, tanto productivos como improductivos, incluyendo las viudas, los tíos 191
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