y llevaron a este muchas de sus prácticas corruptas, con resultados previsibles: todas las fortunas de mala índole improvisadas con el guano, los empréstitos, los ferrocarriles […] [pertenecen] al Tesoro público de donde han sido usurpadas. […] [Esos dineros] han corrompido desde los más altos a los más bajos funcionarios, derramando su ardiente virus en las diversas clases de la sociedad. […] lo que da la medida de la prostitución es que, en nuestros tribunales, se siguen juicios por cantidades procedentes de comisiones y cargos vendidos a vil precio (Pruvonena, 1874, pp. ii-iii). Corrupción y espíritu de empresa se fundían en una misma actitud. No obstante, el equilibrio exacto entre ellos variaba en forma pronunciada de un sector de la economía nacional a otro (bancario, manufacturero, comercial, agrícola, etcétera). Los prestamistas predominaban en la mayoría de los sectores, pero no en todos146. Sociedades anónimas y empresas familiares Los prestamistas invirtieron el dinero del guano en el sector interno, y hacia mediados de la década de 1870 habían establecido una docena de sociedades anónimas en los sectores más dinámicos de la economía: ferrocarriles, instalaciones de agua corriente y construcción de puertos, caminos, etcétera. Era la primera vez que los empresarios peruanos creaban tantas sociedades anónimas en un solo momento. Casi todas ellas eran en realidad consorcios en los que los inversores privados tenían más de la mitad de las acciones, mientras que el resto estaba en manos del Estado (La Opinión Nacional, 1874a, p. 2)147. Los editores de uno de los diarios más importantes de Lima, La Opinión Nacional, que criticaba la mayor parte de las políticas gubernamentales, elogiaban a los empresarios por haber roto su aislamiento, constituido un fondo con sus capitales y creado esas compañías: El Perú debe casi todo su progreso a este espíritu de asociación que hoy se manifiesta entre nosotros bajo la forma de sociedades anónimas. […] Para un individuo, la mancomunidad de los recursos es la única manera de superar su aislamiento e impotencia. […] El crédito también ha contribuido a hacer esto posible. Sin estas compañías, nuestros intereses privados seguirán sufriendo tropiezos y pronto desaparecerán (La Opinión Nacional, 1874a, p. 2). Las sociedades anónimas modificaron la naturaleza de las prácticas empresariales en el Perú, al forzar a los accionistas a tomar decisiones de manera cooperativa y abierta y zanjar sus diferencias de tal modo que el 190
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