La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

terreno que examinaremos a continuación, y no solo una mera fase transitoria en el paso de la tradición a la modernidad. El sector interno: la inversión de dinero sucio y las prácticas comerciales A lo largo de la primera mitad del siglo XIX y durante buena parte de la segunda el Estado central, tras incumplir el pago de toda su deuda externa, se vio en la necesidad de pedir dinero a prestamistas. La mayoría de estos habían heredado su riqueza y formaban parte de la vieja y declinante élite colonial, o bien integraban la nueva élite del dinero, aquellos que habían hecho casi toda su fortuna gracias al financiamiento de caudillos militares durante las épocas de guerra civil. Heraclio Bonilla describe así a los prestamistas limeños: los rasgos señoriales en la mentalidad de esta nueva clase [la] hicieron reticente a toda inversión productiva. Sus miembros escogerán el amplio y cómodo camino de la especulación [como estaba acostumbrados a hacerlo], favorecidos grandemente por las necesidades financieras del gobierno (1974, p. 70)145. A cambio de dinero en efectivo y crédito, los funcionarios estatales entregaron a los prestamistas los depósitos de guano existentes frente a las costas y les dieron una gran parte de los ingresos obtenidos con la venta de este fertilizante rico en nitrógeno en el mercado mundial. En 1866 la flota española atacó el puerto del Callao, lo cual obligó al Estado peruano a buscar ingresos adicionales para cubrir los costos de la guerra. Los prestamistas nacionales aprovecharon la crisis e impusieron al gobierno tasas de interés exorbitantemente altas sobre sus préstamos, que se cancelarían con las rentas de la venta del guano. Después de la guerra, el gobierno del presidente Balta dio por terminado el contrato del guano con los codiciosos prestamistas del Perú y firmó otro con la firma francesa Dreyfus Hermanos, que ofrecía condiciones más favorables. Los prestamistas peruanos se inclinaban a tener un comportamiento «rentístico» y eran sumamente corruptos en sus prácticas comerciales, como sostiene Bonilla, pero también eran emprendedores, en contra de lo que él afirma. Ambos rasgos estaban presentes en ellos. Tras perder el contrato del guano hicieron abundantes inversiones en diferentes sectores de la economía nacional para diversificar sus portafolios. Desde mediados de la década de 1860 hasta fines de la década siguiente, antes de la guerra con Chile, transfirieron gran parte del dinero «sucio» que habían hecho con el guano del sector público controlado por el Estado al sector privado, 189

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