La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

Aunque la mayoría de los peruanos eran católicos devotos y la Iglesia seguía teniendo un papel central en la vida pública, la cantidad de asociaciones voluntarias establecidas por ellos en este campo es bastante pequeña si se la compara con el número de fieles y su influencia. La razón es muy simple. Pese a que distintos funcionarios gubernamentales hicieron varios intentos de secularizar el Estado y difundir la tolerancia religiosa en la sociedad, la Iglesia Católica seguía arraigada en la vida cotidiana. La Sociedad Católica (1868) y el Círculo Católico (1877) fueron creados por laicos activos en la vida parroquial y en respuesta a los debates en el Congreso sobre la separación de la Iglesia y el Estado (Sociedad Católica Peruana, 1868; Círculo Católico, 1877). Aunque comprometidos con la doctrina católica, los miembros de ambos grupos se valían de una terminología cívica para defender el papel de la religión en la vida pública. Federico Panizo, miembro de la Sociedad Católica, bosquejaba las concepciones de esta en los siguientes términos: El hábito de la obediencia y cualquier huella de moral pública que subsista en nuestros ciudadanos son el resultado de la armonía que existe entre la sociedad religiosa y la sociedad civil […]. El Estado, sean cuales fueren la forma y la organización que adopte, siempre dependerá de principios religiosos a fin de mantenerse y perfeccionarse (Panizo, 1869, p. 57). Los miembros de la Sociedad y el Círculo defendían el papel de la religión en la vida pública en términos sociopolíticos y no en términos doctrinarios. Era la primera vez que una asociación religiosa vinculada a la Iglesia hacía esto. Aun los grupos autoritarios utilizaban ahora una jerga republicana para defender sus creencias antidemocráticas. La forma de gobierno era corporativa y jerárquica en ambos grupos. En palabras de Pilar García Jordán, la Sociedad Católica era autoritaria de la cabeza a los pies. El Consejo Permanente se encargaba de tomar todas las decisiones; los Consejos Provinciales [recibían] […] las órdenes y las transmitían a […] todos los miembros, que estaban organizados en divisiones compuestas de legiones, centurias y decurias, a la manera del ejército romano (García Jordán, 1987, p. 50). Los miembros no votaban. Los integrantes del Consejo Permanente, compuesto de laicos y sacerdotes, designaban a los nuevos miembros de este cuerpo, que ejercían su cargo en forma vitalicia. Ellos, a su vez, tenían la responsabilidad de seleccionar a quienes iban a actuar en alrededor de una docena de Consejos Provisionales que había en el país (Sociedad 187

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx