La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

Durante la guerra contra España (1866), los residentes de Lima y el Callao organizaron destacamentos de bomberos para extinguir los incendios causados por las balas de cañón disparadas por las naves españolas estacionadas frente a la costa. Los inmigrantes, sobre todo los italianos y franceses, participaron con singular denuedo en estos destacamentos. Los sentimientos xenófobos estaban ganando altura, y la organización de las compañías era tal vez una manera de desactivarlos. Después de la guerra los inmigrantes prosiguieron con esa tarea, aunque para entonces la xenofobia había menguado. Según observadores de la época, las compañías que creaban eran, en comparación con las organizadas por peruanos, mucho más numerosas y estaban mejor equipadas, y también intervenían en la vida pública (El Comercio, 1866b, p. 4; Díaz, 1936, pp. 18-80)144. Ese mismo desequilibrio se convirtió en un nuevo motivo de tensiones entre los nativos peruanos y los residentes foráneos, y en una cuestión muy embarazosa para las municipalidades de Lima y el Callao. Los municipios trataron de remediar la situación ofreciendo a los artesanos que vivían en varios barrios carentes de destacamentos un subsidio para aliviar los costos de su organización: «Las autoridades deben protegerlas y alentarlas [las compañías]. No cuesta mucho equipar una unidad de artesanos; más adelante, esa unidad puede hacerse responsable de la obtención de fondos» (El Comercio, 1867a, p. 3). Esas municipalidades querían que los peruanos tuvieran un papel más activo en la vida pública y mostraran que tenían tantas inquietudes cívicas como los inmigrantes extranjeros. Aunque los municipios aceptaron solventar el costo de los uniformes y los equipos de lucha contra el fuego —los elementos más caros—, los artesanos fueron incapaces de conseguir una cantidad comparable de dinero. Los destacamentos de bomberos organizados por residentes extranjeros y nacionales peruanos mostraban espíritu cívico en su relación con la comunidad en general. Además de apagar incendios, los bomberos prestaban otros servicios públicos a los residentes locales. En 1868, durante la gran epidemia de fiebre amarilla, ofrecieron un servicio de ambulancias y asistencia médica a los enfermos; en 1874 preservaron el orden público en la ciudad durante un intento de golpe militar contra el presidente Manuel Pardo, y en 1879, cuando el ejército chileno invadió el país y el ejército nacional y la policía local estacionados en Lima se enfrentaron con él, las compañías de bomberos se apresuraron a acudir al 185

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