La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

papeles protagónicos dentro de su obra. La Academia tenía buenas razones para sentirse inquieta (Tamayo Herrera, 1980, pp. 130-160; Tord, 1978, pp. 27-42; Kristal, 1987, pp. 27-65). La Sociedad Arqueológica y La Redentora hicieron tomar conciencia a la élite peruana de las raíces incas de la cultura de su país. La adhesión de tantos de los miembros de esa élite a esta visión andina de la vida pública tenía algo que ver con el hecho de que muchos de ellos, aunque enamorados de las cosas europeas, habían adherido, a partir de la difusión de las asociaciones en la vida pública, al nacionalismo y la idea de convertir el Perú en un país democrático y moderno. El giro introspectivo hacia el pasado inca era su manera de «reimaginar» el Perú. Su concepción de la cultura andina no era igual a la propuesta por la Sociedad Arqueológica y La Redentora. Estas asociaciones hacían una lectura autoritaria de la vida inca. Se concentraban en la nobleza e ignoraban a los comuneros; maravilladas por la grandeza del Estado centralista, no mostraban mucho interés en la sociedad inca, y elogiaban la naturaleza corporativa y jerárquica de la vida pública, al tiempo que pasaban por alto algunos de los elementos igualitarios también existentes (Tamayo Herrera, 1980, p. 149). Esta descripción oficial de la cultura andina no era menos canónica que la propuesta por la Academia, centrada en el elemento criollo. La élite con inquietudes cívicas rechazaba ambas alternativas. Sus miembros se reunían en la Bohemia Literaria (1865), el Club Literario (1872), las Veladas Literarias (1876) y grupos similares. La lectura y el comentario de sus respectivos relatos y poemas distraían su atención de la política partidista y la encauzaban hacia las belles lettres, lo cual les permitía ser cada vez más moderados y tolerantes en sus opiniones. Un visitante de las Veladas Literarias anotó: «Aquellos a quienes la política ha separado asisten a las reuniones, hacen a un lado las cuestiones de la ideología y se dan un apretón de manos en un clima de neutralidad» (El Comercio, 1876e, p. 2). En estos grupos la élite reaprendía a ser civil, se imbuía de la etiqueta cívica y dejaba a un lado los viejos odios. Lo hacía renovando su «pasión febril por la literatura […] [tras un] largo período de revoluciones y motines» (Palma, 1971, p. 7). La igualdad social y la heterodoxia intelectual florecían en esas reuniones. Personas a las que no afectaba «la desigualdad de edades y de posición social confraternizaban con nosotros», escribió un miembro de uno de los salones más libres de convencionalismos de Lima, la Bohemia 180

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