Asociaciones profesionales Los médicos, los ingenieros y los músicos organizaban asociaciones propias, aunque pocas de ellas tuvieron un papel importante en la difusión de las prácticas cívicas. La Sociedad Médica (1854), con doscientos veinte miembros aportantes en la década de 1860, estaba compuesta principalmente de médicos, dentistas, farmacéuticos y sangradores. Era la única asociación profesional cuyos miembros provenían de todo el país, aunque la mayoría vivía y trabajaba en Lima (Córdova y Urrutia, 1839), p. 45; Carrasco, 1850, p. 95; Leubel, 1861, pp. 262-265). El 65% de los asociados estaban en la capital, mientras que el 35% restante se dispersaba por el interior, pero casi todos se concentraban en Arequipa y Cusco, capitales de los departamentos del mismo nombre (Leubel, 1861, p. 263). La Sociedad trataba de tender un puente sobre el abismo que separaba a ambos grupos. Además de enviarles libros, equipos, medicamentos y revistas con información sobre los últimos avances de la ciencia, los médicos de Lima daban a sus colegas del interior asesoramiento técnico y los invitaban a la capital a mejorar sus aptitudes médicas y científicas. La asociación también era una sociedad de socorros mutuos y brindaba a todos sus miembros una cobertura de seguro y otros beneficios. Si bien la mayor parte de los asociados de Lima y las provincias nunca tendrían ningún contacto directo y personal, podían forjar lazos cívicos entre sí. Los califico de cívicos porque el concepto de «profesionalismo» todavía no se había desarrollado en el país. La Sociedad procuraba democratizar el conocimiento científico y las oportunidades profesionales entre los médicos. Los miembros de la entidad tenían un comportamiento igualitario dentro del grupo, pero eran excluyentes con respecto a todos los demás «profesionales de la salud», como los sangradores negros, los barberos de piel oscura, los herbolarios chinos y las numerosas comadronas que aún se ocupaban de los partos y atendían a las embarazadas. Los médicos de la asociación buscaban mejorar su estatus social, y para lograrlo necesitaban excluir de sus filas a los profesionales de la salud a los que, debido al color de la piel y el género, veían como un obstáculo. Pero su campaña para expulsarlos de la asociación fracasó (Sociedad Médica, 1856). Hubo una depuración entre barberos y sangradores. La asociación médica exigía ahora un diploma a sus miembros; la única manera de cumplir esta exigencia era hacer un curso en el campo de elección. Esos cursos eran dictados por un médico matriculado de la Sociedad, que 173
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