solicitado, participaban en sus actividades y recibían a inmigrantes en sus casas durante períodos prolongados (Worrall, 1972, pp. 92 y 145). Como sostiene Alan Wolfe (1989, pp. 79-89 y 159-167), este tipo de solidaridad «intergeneracional», una solidaridad que une a una generación con otra sin ninguna expectativa de ganancias de corto plazo, es una de las más difíciles de establecer, y constituye un rasgo característico de los grupos cívicos más desarrollados. La Sociedad era igualitaria y cívica. Su forma de gobierno, sin embargo, no era democrática. Las bases rara vez concurrían a las asambleas, rara vez votaban en las elecciones y no participaban en las discusiones públicas atinentes al grupo (Sociedad Italiana de Beneficencia y Asistencia, 1962). Los únicos que participaban en su conducción eran los miembros de la élite adinerada, cuya manera de tomar decisiones tenía rasgos oligárquicos y patriarcales (Worrall, 1972, p. 153). Pero el hecho de que dedicaran tiempo libre y dinero a la sociedad, en vez de destinarlos al lucro, el juego, las actividades recreativas o la familia, indica que aun ellos eran más cívicos de lo que sus prácticas dan a entender. Su participación en los servicios comunitarios era, desde luego, una forma de ganar estatus dentro de la comunidad. No obstante, como sostuvo Tocqueville, es mejor que los ciudadanos busquen el «propio interés adecuadamente entendido», en lugar de perseguir objetivos «egoístas» o «individualistas». Como tantos otros grupos cívicos del Perú, la Sociedad era el producto de una curiosa mezcla de prácticas cívicas y no cívicas. La Sociedad Española de Beneficencia (1862) brindaba a sus miembros beneficios similares. La entidad invertía el 40% de sus ingresos anuales en los inmigrantes que, luego de instalarse en el Perú, ejercían el mismo tipo de reciprocidad intergeneracional antes examinado (Sociedad de Beneficencia Española, 1862a, p. 4; 1862b, p. 1). Pero, a diferencia de los italianos, los asociados de base de la Sociedad Española estaban comprometidos con el autogobierno y mostraban un activo interés en la conducción de su grupo (Sociedad de Beneficencia Española, 1862b, p. 16). En 1862, la Junta Administrativa de la Sociedad fue denunciada por las bases y destituida de sus cargos: Nuestra caja está ahora en buen estado, pero nuestra sociedad estuvo a punto de irse a pique debido a que […] algunos individuos trataron de imponer sus opiniones al resto, como si esas opiniones y puntos de vista fueran infalibles. Por eso [este año] algunos de los asociados se han mostrado apáticos. […] Debemos aprender a ser tolerantes y respetuosos de las opiniones de los otros y cumplir los 169
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