ordinario o lino fino, etcétera), y la presencia o ausencia de un sobrenombre (la población indígena rara vez los usaba). La única manera de saber si una asociación era cívica o no consiste en estudiar sus prácticas. Esto me llevó a excluir de mi lista a cualquier grupo que no se ajustara a mis criterios, aunque decidí incluir todas las asociaciones cuyas prácticas fueran una amalgama de elementos democráticos y autoritarios. También tropecé con dificultades para acopiar datos de parentesco, pautas residenciales y relaciones laborales, así como para develar de qué manera estos elementos daban forma a las redes sociales y la vida asociativa. Las fuentes mismas, una vez más, me suministraron la información que necesitaba para hacer inferencias razonables. Sin embargo, no he presentado datos sobre la proporción de ciudadanos que participaban activamente en la vida asociativa en ciudades y pueblos escogidos del Perú, porque mi interés primordial radica en el estudio de la aparición de la vida democrática («natalidad» en términos arendtianos) y no de su pleno florecimiento, por lo cual esa información no es crucial para mi argumento. Con el objeto de facilitar la lectura del libro y suscitar el interés del público en general, me he tomado varias pequeñas libertades. Los mapas del país que aparecen en los capítulos históricos se trazaron de acuerdo a las divisiones administrativas y los límites geopolíticos vigentes en 1880, luego de haber alcanzado estabilidad. Al analizar la vida administrativa en el Perú me refiero a «departamentos» o «provincias», con la salvedad de que también utilizo este último término para aludir en general a la vida pública al margen de la capital de la nación. Mi uso específico de este y otros términos técnicos resultará evidente en los capítulos empíricos. El libro se divide en cuatro partes. En el capítulo 1 sitúo mi estudio de la vida pública peruana con referencia a los recientes debates tocquevillianos sobre la relación entre sociedad civil, sociedad económica, sociedad política y esfera pública y vida democrática; con referencia a los comparatistas que estudian los orígenes sociales de la dictadura y la democracia en la región; con referencia a los poscolonialistas que explican la endeble y frágil naturaleza de la democracia en los países tercermundistas desde el punto de vista del legado colonial, y con referencia a los teóricos democráticos que han propuesto lineamientos para evaluar los regímenes «poliárquicos». Mi obra se instala en la articulación de esos cuatro debates y procura hacer un aporte a cada uno de ellos. 16
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