tabloides, revistas, cartas privadas y relatos de viaje que se publicaron durante el siglo XIX, con el objeto de crear mi propio «archivo» de la vida democrática. Como descubrí poco a poco, los periódicos eran algo más que una mera fuente de información primaria; estaban inmersos en la vida democrática, y la constituían. Las prácticas asociativas peruanas asomaban en algún lugar entre el mundo de lo «oculto» y la transcripción «oficial», y formaban parte de lo que James Scott llama «dominio intermedio», el dominio donde los ciudadanos utilizan métodos semipúblicos y pacíficos para subvertir el orden moral y sociopolítico dominante. Ahora estoy convencido de que la vida asociativa del Perú ocupaba en el paisaje público un lugar diferente del que llegó a ocupar en la India y el África poscoloniales, tal cual lo demostraron Partha Chatterjee y Mahmood Mamdani en su reciente e innovador trabajo. En la construcción de mi banco de datos me apoyé fundamentalmente en los diarios publicados en Lima, que presentaban una cobertura limitada de la vida asociativa en las provincias. Para corregir esa desviación también revisé media docena de periódicos de Arequipa, Cusco y Piura. Alrededor del 60% de las asociaciones que ahora aparecen en el banco de datos correspondían a residentes locales de las provincias. No obstante, mi cobertura de la vida asociativa en pueblos y caseríos sigue siendo irregular. Quien busque remediar este problema deberá prever un trabajo de no menos de cinco años, dedicados a visitar los archivos locales y revolver las pilas de manuscritos y documentos catalogados y no catalogados que encuentre en ellos. Mi estudio es limitado en varios aspectos. A pesar de todos mis esfuerzos, no encontré información confiable sobre la composición socioétnica de la mayoría de las asociaciones. Los gobiernos poscoloniales proscribieron el uso de categorías étnicas y raciales en la vida pública y hasta las suprimieron de sus documentos (censos de población, padrones de votantes, nóminas de impuestos). En algunos casos, el mismo contexto socioinstitucional me aportó las pruebas indirectas que necesitaba para establecer la composición socioétnica de una asociación; por ejemplo, el artesano de una sociedad de socorros mutuos de provincia era casi con toda seguridad un mestizo de piel oscura. En otras ocasiones, este tipo de información podía deducirse de las propias fuentes, mediante el examen de la forma de tratamiento (ciudadano, don, doña, excelencia) utilizada por los miembros; la descripción de la ropa (andrajosa o elegante, algodón 15
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