La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

los capítulos locales. En Azángaro (Puno), sitio donde había estallado la rebelión, la opinión pública contra los indígenas era fuerte debido a la enorme influencia que los terratenientes, los comandantes regionales y los dos senadores provinciales tenían sobre la vida pública en la zona. El capítulo local se refirió a sus esfuerzos para cambiar esa situación: «el levantamiento está hoy en el centro de la opinión pública, y todos lo discuten y evalúan» (Vásquez, 1976, p. 224). La organización nacional y sus capítulos locales también se dedicaban a otras actividades. Los miembros traducían muchos de sus escritos del español al quechua y los leían en comunidades aldeanas y pueblos, con la intención de persuadir a los indígenas de que contaban con el apoyo de la opinión pública y no estaban solos en su lucha (Bustamante, 1967, pp. 138-140). Los capítulos locales organizaban reuniones informales con terratenientes de Cusco y Puno. En ellas se hablaba de la rebelión, de la necesidad de reconocer a los pueblos nativos como ciudadanos e incorporarlos a la vida pública: «los terratenientes son los únicos que están en contacto directo con los indígenas; su posición es ideal para generar un cambio y mejorar la situación de estos. […] Al recurrir a ustedes, lo hacemos apelando no solo al patriotismo sino a su propio interés» (Vásquez, 1976, pp. 196-197). Los miembros de la asociación recordaban a los terratenientes que sin labriegos indígenas no podrían plantar y cosechar sus campos ni apacentar a su ganado137. La Sociedad puso en marcha el primer debate público en el Perú sobre la «cuestión india». Y fue la primera asociación cívica que apeló directamente a la opinión pública para promover su causa. La Junta de Inmigración Asiática (1870) y la Sociedad Colonial de Beneficencia de China (1882) tenían la misión de defender los derechos cívicos y humanos de los inmigrantes asiáticos, y brindar asistencia social y económica a aquellos que quisieran instalarse permanentemente en el país o decidieran regresar a su patria (Rodríguez Pastor, 1988; 1996). Tanto la Junta como la Sociedad ofrecían a los inmigrantes préstamos a bajo interés, que les permitían comprar su libertad a los terratenientes, quienes habían pagado su viaje al Perú. Esos préstamos posibilitaban a los inmigrantes chinos liberarse de la servidumbre personal en vez de continuar ligados a ella durante cinco o diez años más. Las asociaciones también buscaban para los recién emancipados empleo como cocineros, criadas, dependientes, sastres, factótums, y como lavanderos y tintoreros en el floreciente Barrio Chino de Lima y en tiendas de peruanos. La Junta 167

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx