La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

cuatro de sus miembros. Estos habían sido arrestados por publicar una serie de artículos en que se criticaba al ministro de justicia (La República, 1864g, pp. 1-2). En mayo del mismo año la Sociedad de Defensores organizó una serie de manifestaciones en plazas en apoyo a sus miembros encarcelados. La más grande reunió a cuatro mil ciudadanos, mientras que en las otras hubo en promedio una concurrencia de dos mil personas. Durante una de las manifestaciones tropas gubernamentales rodearon la plaza y suscitaron mucha inquietud entre los presentes. Un día después, los organizadores del acto publicaron un artículo en el principal diario de Lima, que entre otras cosas decía: «¿Cuál es el sentido de la repentina movilización del ejército ante un grupo de pacíficos ciudadanos? ¿Qué indica esa actitud acerca de la conducta del gobierno con su propio […] pueblo? Es lamentable que desconfíe de nosotros» (La República, 1864e, p. 3; 1864f, p. 1). Las asociaciones patrióticas estaban a veces cerca y a veces lejos del gobierno. Asociaciones étnicas y raciales Estos grupos tenían el cometido de proteger los derechos humanos y cívicos de los dos sectores más oprimidos y vulnerables de la sociedad peruana: los indígenas y los inmigrantes chinos. Los inmigrantes italianos y españoles también organizaron grupos voluntarios para asistir a sus compatriotas. La Sociedad Amiga de los Indios (1866) fue creada por la élite de Lima en respuesta a un levantamiento indígena en Puno, en el altiplano andino. Con su creación, la élite aspiraba a que la opinión pública tomara conciencia de la penuria en que se encontraban los pueblos nativos. Los miembros de la sociedad describían su iniciativa en términos cívicos: «el espíritu asociativo tiene sus ventajas; ese es el motivo de que los integrantes de la sociedad […] nos reuniéramos, y por eso ahora tenemos capítulos en las provincias y en sus jurisdicciones» (El Comercio, 1868, citado en Vásquez, 1976, pp. 358-359). Los capítulos locales de Cusco, Puno y otros departamentos con grandes concentraciones de indígenas reunían información sobre casos de abuso y la enviaban a la sede limeña. El grupo de la capital, con sus oficinas en la parte de atrás de El Comercio, el diario más importante del país, utilizaba esos informes para publicar artículos y panfletos, debatir en foros públicos y hacer valer su influencia entre los congresistas (Vásquez, 1976, pp. 159-163 y 174-175; Bustamante, 1867). El grupo limeño enviaba copias de sus textos a todos 166

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