menor. Recuérdese que en los años finales del período colonial la élite había estado demasiado dividida para consolidar la independencia del Perú, y que en los comienzos de la república sus divisiones habían permitido al ejército gobernar despóticamente sobre la vida pública. Otras asociaciones contribuyeron a la cohesión de la élite peruana, pero ninguna hizo un aporte tan grande como los masones. Asociaciones patrióticas La Sociedad de los Fundadores de la Independencia del Perú (1876), la Sociedad de Defensores de la Independencia Americana (1862) y la Unión Americana (1862), entre otras, tenían a su cargo la organización de las celebraciones patrióticas. Soldados, veteranos y civiles participaban en estos grupos, que permitían a ambos lados trabar conocimiento mutuo en tiempos de paz y no en el campo de batalla en medio de las guerras civiles, como había ocurrido con anterioridad (Villanueva, 1973). Los integrantes de estos grupos ejercían el autogobierno. Un miembro de la Sociedad de Defensores explicaba la importancia de las elecciones para mantener con vida el grupo: Las elecciones son de suma importancia para nosotros, dado que por su intermedio seleccionamos a nuestros dirigentes, las personas que serán responsables de conducirnos […]. La vida y la muerte de nuestra asociación dependen de nosotros, y por eso todos debemos asistir a la asamblea convocada para el miércoles (El Comercio, 1866a, p. 2). En esta asociación predominaban los integrantes de la élite que, sin embargo, se contaban también entre los más apáticos: Nuestros dirigentes elegidos deben ser personas […] de influencia, que gocen de respeto en el país. […] Pero estos rara vez participan en el grupo. Se niegan a asistir a las reuniones […], motivo por el cual en otras oportunidades hemos elegido a ciudadanos cuyos antecedentes son diferentes de los suyos (El Comercio, 1866a, p. 2). El pueblo llano desempeñaba un papel protagónico en los grupos patrióticos. La relación entre esos grupos y el Estado cambió con el paso del tiempo. Durante los períodos de guerra, los primeros se subordinaban al segundo: «fundiremos nuestro poder con el Estado para repeler a todos los agresores foráneos» (El Comercio, 1862c, p. 2). Una vez pasada la crisis, volvían a afirmar su autonomía. En 1864 recolectaron firmas entre los habitantes de Lima y el Callao para solicitar que el gobierno liberara de inmediato a 165
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