La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

manera ostentosa», y se los exhortaba a «entrar en relación […] con hermanos de rango inferior» (Supremo Consejo de SS.GG. para el Rito Escocés Antiguo, 1862, p. 3). Las logias se dedicaban a actividades de beneficencia. Las de Lima invertían casi el 25% de su presupuesto anual en suministrar comida, cobijo, ropa y medicamentos a los pobres (García y García, , 1861, p. 8). Su trabajo con los necesitados y los indigentes los hacía conscientes de las cosas que tenían en común con ellos. Esos rituales modificaban las relaciones sociales en las logias, aunque el hecho solo resultó evidente en 1862, como consecuencia del debate sobre la tolerancia religiosa (El Heraldo Masónico, 1862a, pp. 3-4). La asociación se dividió. Las bases (la nueva élite) estaban a favor de la tolerancia, mientras que los dirigentes (la vieja élite) se oponían a ella y usaban su poder en el grupo para derrotar a sus rivales. Todas las logias se escindieron en facciones. Un miembro de Estrella Polar (1862), una logia con sede en Lima, describió así la vida cotidiana: la situación en el grupo es de «anarquía y desorden. Nuestras discusiones terminan en disputas; nuestras elecciones, en combates, y nuestras reglas, en caprichos personales» (Portillo, 1860, p. 4; López Albújar, 1961, p. 330; Harth Bedoya, 1992, p. 33). Esta situación persistió durante los tres años siguientes, hasta 1865. Por entonces, la vieja élite ya había abandonado el grupo, lo cual posibilitaba a la nueva encarar las tareas de reorganización. La asociación siguió siendo elitista, pero su sistema de gobierno, según Carlos López Albújar, el principal investigador del tema, «se democratizó; el poder se descentralizó y redistribuyó, dando mayor voz a los miembros» (López Albújar, 1961, pp. 329-330). Las logias también establecieron un sistema de «juicio por jurados» con el objeto de proporcionar a sus integrantes un medio de resolver las disputas (Supremo Consejo de SS.GG. para el Rito Escocés Antiguo, 1862, pp. 7-8). En palabras de un hermano, estas reformas «terminaron con el odio y disminuyeron […] el rencor que había dentro de nuestro grupo» (El Heraldo Masónico, 1862d, p. 2). Es evidente que las logias masónicas peruanas no eran tan democráticas en sus prácticas cotidianas o su composición social como sus pares de Europa Occidental (Jacobs, 1981). No obstante, brindaron a los grupos de la élite una oportunidad de superar sus diferencias de estatus, unificarse desde un punto de vista sociopolítico y transformarse en una «élite nacional» digna de ese nombre, la primera, a la postre, capaz de desmilitarizar la vida pública y anunciar el régimen civil. El logro no es 164

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