contra los deseos de nuestros fundadores y el motivo que nos ha juntado. […] Sin embargo, aún más peligroso que llegar a esto ha sido la organización de facciones dentro de nuestra asociación. Esa actitud ha menoscabado nuestros principios, nos ha llevado a descuidar nuestras obligaciones y a enredarnos en cuestiones personales (Corante, 1873, p. 2). La victoria electoral de Corante era una prueba de que las bases respaldaban su plataforma. La Sociedad Tipográfica se contaba entre las más consumadas en el arte de inculcar a sus asociados una idea de civilidad: La política nunca ha contaminado sus asuntos internos, y esa es la razón por la cual sus asociados, todos los cuales son trabajadores de modestos medios, nunca se han salido de sus carriles. En su salón de reuniones se limitan a discutir las cuestiones directamente relacionadas con su oficio, la virtud y la importancia del trabajo, y jamás los nombres [de ningún político] (El Comercio, 1876h, p. 2). En 1875 la Sociedad Fraternidad celebró una asamblea general para decidir si el grupo debía intervenir en las próximas elecciones presidenciales. Con una concurrencia de cuatrocientos asociados, y tras una animada discusión, se votó contra la propuesta (1875b). Los miembros de la Sociedad Amiga votaron a favor de una propuesta similar, pero tomaron las medidas adecuadas para proteger la vida cívica dentro del grupo. Treinta días antes de las elecciones, la entidad suspendió todas las reuniones y prohibió a sus asociados discutir de política dentro de un radio «de cincuenta metros» en torno del lugar donde se encontraban (Sociedad Amiga de las Artes, 1908, p. 27). Las sociedades de socorros mutuos infundían en sus miembros una etiqueta de autocontención o «automatismo autoactivado», para decirlo con la farragosa expresión de Norbert Elias (1978, p. 257). Logias masónicas Los dos mil hermanos del Perú estaban repartidos de manera más o menos pareja entre las veinte logias de todo el país, lo cual hacía de estas, junto con la Sociedad Católica, la única asociación cívica de alcance nacional. A comienzos de la década de 1860 un debate sobre la tolerancia religiosa dividió al grupo y provocó su desaparición, hasta que en 1865 fue posible reorganizarlo (López Albújar, 1961). La composición social y la estructura de gobierno de las logias eran antidemocráticas. Las logias solo atraían a grupos de élite, sobre todo «sacerdotes, oficiales militares, comerciantes, empleados estatales y 162
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