servicio público y religioso, así como en los distintos subcampos de cada uno de ellos. Campo social Este campo estaba poblado por sociedades de socorros mutuos y mutualidades, logias masónicas, grupos patrióticos y asociaciones étnico raciales. Los grupos de socorros mutuos eran con mucho los más democráticos de todos. Sociedades de socorros mutuos y mutualidades Las sociedades de socorros mutuos modificaron el sistema clasificatorio utilizado por los ciudadanos en la vida pública. La Sociedad Amiga de las Artes (1869) admitía a toda «persona, hombre o mujer […], sin distinción de origen nacional, raza, clase o posición social» (Sociedad Amiga de las Artes, 1908, pp. 4 y 27; El Comercio, 1858e, p. 2; 1878a, p. 2). La cuota mensual estaba al alcance de la mayoría de las familias trabajadoras (El Artesano, 1873c, p. 2)136. Algunas sociedades negaban un estatus igual a las mujeres, y esta fue una de las razones que impulsaron a algunas de ellas a organizar sus propios grupos, como la Sociedad Fraternal de San José y la Sociedad de Auxilios Póstumos, ambas de 1873 (Basadre, 19615, p. 2046). Las prácticas internas de los grupos femeninos eran tan «particularistas» como en los grupos de preponderancia masculina, pero en los primeros contribuían, paradójicamente, a hacer que la vida pública fuera un tanto más «universal» e igualitaria, mientras que en los segundos tenían el efecto contrario. El mismo conjunto de prácticas adquiría significados muy diferentes debido a la naturaleza masculina de la vida pública. Estas mutualidades alentaban a sus asociados a respetar las «creencias privadas» de los miembros del grupo (Sociedad Amiga de las Artes, 1908, pp. 3-4). Esta actitud representaba una violación directa de las doctrinas de la Iglesia, que prohibía a los católicos todo contacto con los protestantes, incluso en el momento de la muerte: los cementerios de Lima estaban segregados. En el Perú la religión todavía se consideraba un asunto público y no privado. Los ciudadanos que transgredían estos preceptos eran vistos como pecadores, sujetos a la excomunión y bajo el riesgo de la condena eterna (Armas Asín, 1998, pp. 51-104). A despecho de estas amenazas, los miembros de la Sociedad Amiga (1869), entre otros, practicaban la tolerancia religiosa y admitían a inmigrantes en el grupo; eran, en la época, 160
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