La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

poscolonial, centrada en el Estado. Todos ellos afirmaban que el proceso de modernización económica en el Tercer Mundo ya había debilitado o destruido la vida asociativa basada en los lazos raciales, étnicos, religiosos y comunitarios y otros vínculos tradicionales, lo cual dejaba a los ciudadanos de esos países aislados, desconectados y propensos a actuar de una manera predatoria. Para reparar el tejido sociomoral de esas sociedades, los líderes políticos tercermundistas, con el apoyo de dirigentes del Primer Mundo, tendrían que crear Estados sumamente centralizados y autónomos más allá del control de sus ciudadanos, que permitieran a los funcionarios gubernamentales resistir las formas de vida viciosas que florecían en su torno e implementar políticas destinadas a difundir la «virtud» entre la ciudadanía. Lo que empezó en la posguerra como una discusión sobre la vida asociativa y su papel en el fortalecimiento de la democracia se transformó durante el proceso de descolonización en un argumento liberal leninista en respaldo del «despotismo ilustrado». Con el derrumbe de la Unión Soviética y la muerte del socialismo de Estado en todo el mundo, tenemos hoy una oportunidad de modificar los términos del debate sobre la vida poscolonial y pasar de Hobbes y Huntington a Tocqueville y Arendt. En un principio había planeado utilizar en este estudio únicamente fuentes secundarias, pero después de leer innumerables monografías me di cuenta de que el tipo de pruebas que necesitaba aún no se había reunido. Pasé alrededor de un año dedicado a la investigación primaria en la Biblioteca Nacional del Perú, y me consternó comprobar que los funcionarios gubernamentales del siglo XIX, en contraste con sus pares de los Estados Unidos y Francia, entre otros países, nunca habían compilado una guía nacional y ni siquiera una simple lista de grupos voluntarios para ninguna región del país. Esto hizo que mi trabajo fuera doblemente difícil1. A fin de corregir sus inadvertencias, me enfrasqué en la lectura de numerosos diarios y los recorrí día tras día, semana tras semana, mes tras mes y año tras año. Establecí un registro detallado de cada asociación, así como un observador de pájaros lleva una bitácora de todos sus avistamientos. Mi banco de datos, el primero en su tipo, contiene entradas sobre novecientos doce grupos voluntarios de todo el Perú. Para los estudiosos interesados en consultarlo, he donado una copia, a pedido del profesor Aldo Panfichi, a la biblioteca de la Universidad Católica del Perú. Reuní información adicional sobre la vida asociativa y los diversos grupos activos en ese ámbito sobre la base de centenares de panfletos partidistas, 14

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