La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

animador de la vida cívica. En nuestros clubes […] encontraremos la manera de combinar el bien general con las inquietudes particulares. También tendremos en ellos un lugar para desarrollar nuestras capacidades discursivas, aprender a razonar y a ejercer nuestro juicio (El Progreso, 1850b, p. 2). De acuerdo con este enfoque, el papel de las asociaciones consistía en brindar a los ciudadanos la oportunidad de deliberar sobre los asuntos públicos y conciliar el bien común con el interés particular. Ambas perspectivas, estatista y asociativa, siguieron siendo materia de debate hasta los últimos años del siglo. Algunos intelectuales públicos subestimaban el papel de la opinión pública y atribuían mucho más peso a las asociaciones voluntarias: Nuestro objetivo es promover la vida asociativa […] reuniendo [en un solo lugar] todas las fuerzas [sociales] que actualmente están dispersas [por todo el país]; ese es el punto de partida para superar los muchos obstáculos que todavía nos parecen infranqueables porque estamos aislados unos de otros; [al organizar las asociaciones] nos pondremos en contacto mutuo. Esto posibilitará a los hombres honrados de las provincias forjar lazos con los funcionarios del Estado en diferentes esferas de gobierno (El Progreso, 1849a, pp. 5-6). Además de crear lazos horizontales entre la ciudadanía, el propósito de las asociaciones era permitir a los peruanos forjar lazos verticales con los funcionarios del Estado. Un artículo publicado poco después del recién citado profundizaba en el argumento al sostener que la finalidad de las asociaciones era «llenar» todos los lugares de la vida pública que los funcionarios estatales seguían sin ocupar; se estimaba que las asociaciones orientarían a los ciudadanos hacia «los ámbitos que no eran accesibles al Estado» a fin de promover el civismo en ellos (El Progreso, 1949i, pp. 34). Para esta perspectiva, los grupos voluntarios eran un apéndice del Estado; en este sentido, la concepción no se diferenciaba demasiado del enfoque de Lenin basado en la idea de «correas de transmisión». La vida asociativa en la sociedad civil, económica y política Los intelectuales públicos apelaban al catolicismo cívico en las discusiones sobre la vida civil, económica y política, aunque, como se señaló en el capítulo previo, con anterioridad a 1850 el desarrollo de la vida asociativa tropezaba con muchos obstáculos en los tres terrenos. Aun los peruanos de inquietudes más democráticas adherían a una concepción de la sociedad civil centrada en el Estado. En 1851, los 148

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx