La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

Señales visuales La élite y el pueblo llano peruanos también recurrían a señales visuales en plazas de toros, salas teatrales y celebraciones patrióticas y religiosas para expresar su aprobación o desaprobación al gobierno. Los murales públicos también les brindaban una oportunidad de representarse. Los funcionarios del Estado, como sus pares de otros lugares, apelaban al «pan y el circo» para distraer a la ciudadanía de los acuciantes problemas de la vida pública. Con asientos para diez mil espectadores, la plaza de toros de Lima tenía el doble de capacidad que la de Pamplona, la más grande de Europa. Según relatos contemporáneos, las corridas de toros contaban con buena concurrencia y eran uno de los pocos acontecimientos públicos en que la élite y la plebe se mezclaban: «las graderías están atestadas […] y la belleza y el rango se juntan con el populacho abigarrado y variopinto»; «blancos, europeos, indios, americanos, negros y una diversidad de mestizos» acudían en multitud a ellas (Miller, 1828-1, p. 392; Radiguet, 1971, p. 64). Las corridas de toros reunían a la nación y brindaban así al presidente y sus funcionarios una excelente oportunidad de hacer un «sondeo aleatorio» de la opinión pública: «Cuando [las autoridades] entraban a la plaza, los espectadores [de la élite y la plebe], según el humor que prevaleciera en ellos y su grado de satisfacción con el gobierno, las recibían con entusiasmo o un gélido silencio» (McGregor, 1975, p. 145). Abundan los ejemplos de ambas actitudes. Los teatros también eran importantes ámbitos de deliberación, aunque la concurrencia a ellos estaba limitada a la élite, lo cual proporcionaba al presidente lo que un encuestador contemporáneo llamaría un focus group. En 1843, luego de derrotar a sus rivales, el presidente Vivanco asistió al teatro y fue saludado con entusiasmo, regocijo y […] aplausos. […] Los hombres reunidos [en el público], propietarios, capitalistas, comerciantes, aquellos de quienes, debido a su ilustración, conocimientos y riqueza, puede decirse que constituyen lo mejor de la sociedad, esto es, la Opinión Pública […], dieron a conocer sus opiniones, expresando horror e indignación contra los organizadores de la revuelta militar. [Esa expresión] no […] tenía como fundamento la ceremonia [sino] la espontaneidad (El Comercio, 1843a, p. 2). Los asistentes al teatro no siempre brindaban al presidente y sus funcionarios una recepción tan cálida. 142

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx