La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

de la campaña, funcionarios estatales atacaron aquellos centros plebeyos de discusión, a pesar de que no representaban una amenaza al «orden público». Aldo Panfichi explica por qué: «la plebe urbana elaboró una jerga propia, antihéroes [que idealizaban] a los bandidos, una sátira burlona de la formalidad de la aristocracia, danzas consideradas escandalosas por sus insinuaciones sexuales, canciones disolutas […] [pero sin] un sentido contestario [contra el orden político]» (Panfichi, 1995, pp. 37-38; Flores Galindo, 1984, pp. 155-160; Millones, 1978, pp. 41-44). Al cargar contra las tabernas del pueblo llano, el gobierno procuraba destruir un centro de deliberación, un contrapúblico (Aguirre, 1993, p. 174). Con anterioridad a 1834, Lima tenía no menos de 447 tabernas; luego de 1838, una vez puesta en marcha la campaña, solo quedaron en pie 147 de ellas, tal y como lo indica el siguiente cuadro127. Cuadro 6.2. Tabernas, pulperías y cafés en Lima, 1833-1850 En el momento culminante de la campaña, a fines de la década de 1830, los plebeyos habían perdido alrededor del 66% de sus tabernas. Poco después, el número de estas creció, dado que la plebe comenzó a devolver golpe por golpe a través de constantes escaramuzas. Hacia el final de la campaña, en 1850, las tabernas del pueblo llano eran aproximadamente el 71% de su número original. 141

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