La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

la gente en la vida cotidiana para describir sus hábitos? ¿Cuáles son los recursos sociales, morales, culturales, institucionales, políticos y económicos utilizados por los ciudadanos para dar materialidad a sus hábitos e incorporarlos a la «realidad»? Y así sucesivamente. Mi estudio aborda algunas de estas preguntas e incluso intenta responder unas cuantas de ellas. Las prácticas sociomorales tuvieron un papel clave en el surgimiento de la democracia cívica en el Perú decimonónico. Como ha sostenido Charles Taylor con tanta fuerza de convicción, los marcos morales nos permiten comprender nuestras diferencias compartidas en la vida pública: «Saber quiénes somos es estar orientados en el espacio moral. […] Pensar, sentir y juzgar dentro de ese marco es actuar en función de la idea de que alguna acción, modo de vida o modo de sentir es incomparablemente más elevado que otros a los que tenemos más fácil acceso» (1989, pp. 19 y 30). Al tomar algunas ideas de Taylor, mi intención es ampliar su argumento más allá de los confines de Europa Occidental y un puñado de distinguidos filósofos con el objeto de mostrar que las formas cotidianas de juicio moral facultaron a los grupos elitistas y no elitistas de todo el Perú a reestructurar sus hábitos. Los ciudadanos de esta parte del mundo que practicaban la democracia en la vida pública de una manera excepcionalmente diestra disfrutaban del reconocimiento especial de sus compatriotas. Los demócratas veteranos (tanto de la élite como del pueblo llano) se distinguían de todos los demás por su misteriosa capacidad de hacer «exigencias sustantivas y distinciones cualitativas […] acerca de lo bueno y lo malo […], lo que vale la pena hacer y lo que no, lo que tiene significado […] y lo que es trivial» (Taylor, 1989, pp. 4 y 28). Como administradores del bien público, los demócratas curtidos eran responsables de iniciar a los más bisoños en el «paradigma» democrático y proporcionarles el «conocimiento tácito» y las «aptitudes prácticas» que ellos necesitaban para ser parte de esa comunidad. En otras palabras, la emulación era mucho más importante que la imitación (el remedo) en cuanto se trataba de capacitar a los peruanos para romper con los hábitos autoritarios y adquirir inclinaciones democráticas. Sin embargo, como en cualquier comunidad interpretativa, el significado de la democracia en el Perú era discutido por quienes se consideraban competentes para hacerlo. Al poner en tela de juicio sus concepciones recíprocas, los demócratas curtidos también hacían saber al resto de la ciudadanía quiénes de ellos merecían un reconocimiento especial y un 12

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