y desempeñarse como tribunales responsables de hacer cumplir las normas y reglamentos grupales. A lo largo y lo ancho del país, la gente del común y las élites imaginaban y practicaban la democracia y el nacionalismo de una manera sorprendentemente similar, una indicación de que estos se habían insertado en la vida cotidiana y eran ya una costumbre local como cualquier otra. Entre los pensadores contemporáneos, John Dewey y Nelson Goodman (como Tocqueville en el siglo XIX) hicieron mucho para reorientar el estudio de la vida pública, trasladándolo de los problemas de «elección e información» a las cuestiones de «hábito e inculcación». Aunque el primero de estos enfoques sigue siendo dominante en los campos de la política y la sociología comparativas, un grupo creciente de estudiosos ha tratado desde la década de 1980 de corregir este desequilibrio. Pierre Bourdieu ha estado a la cabeza de esta iniciativa. Su señero trabajo sobre el habitus ha sido una inspiración para muchos de nosotros; no puede negarse, sin embargo, que sigue enraizado en el tipo de «conocimiento teórico» que procura cuestionar. La considerada crítica que Hubert Dreyfus y Paul Rabinow hacen del trabajo de Bourdieu es instructiva en más de un aspecto: Calificamos de metafísica cualquier […] descripción que afirme saber […] qué significa ser un ser humano. Por ejemplo, el significado del ser humano podría ser que el hombre ha sido creado por Dios para servirlo […], o que el hombre es la más elevada manifestación de la voluntad de poder. […] Bourdieu […] niega […] la múltiple significación [que] las prácticas tienen para quienes las ejecutan. […] Detrás de ellas [siempre] encuentra la [misma] realidad explicativa […] [a saber], la lucha [por el poder] […] A fin de conservar […] la idea de Bourdieu […], es preciso abandonar la pretensión de hacer […] ciencia y […] el capital simbólico que acompaña esta posición privilegiada. […] No hay una posición desde la cual podamos hacer un estudio objetivo e imparcial de nuestro propio sentido de la realidad (1993, pp. 35-44). Los estudiosos interesados en el «conocimiento práctico» vuelven a la obra de Goodman, Dewey y otros pragmatistas. Pero al regresar a ellos, todos hemos procurado también orientar sus argumentos en una dirección diferente y plantear muchas nuevas preguntas, entre ellas las siguientes: ¿cómo surgen los hábitos y cambian con el paso del tiempo? ¿Qué hace que algunos hábitos sean más duraderos que otros? ¿Cómo rompe la gente con los viejos hábitos y adquiere nuevas disposiciones? ¿Cómo circulan estas y se difunden entre grandes grupos de personas? ¿Qué relatos utiliza 11
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