La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

mientras que el resto de los sufragios se distribuyó entre varios candidatos de pobres resultados113. La vida asociativa no conseguía desarrollarse en la sociedad política, y la noción de ciudadanía se entendía escasamente; sin embargo, ahora había salido a la superficie en Junín, Lima, La Libertad y Arequipa. Afiliados del Club Progresista lanzaron una campaña para persuadir a los ciudadanos de que la «nación», al tomar parte en las elecciones presidenciales, procuraba transferir la soberanía del ejército nacional a los votantes del país, en contra de lo que se había afirmado hasta ese momento. Las elecciones, en otras palabras, eran parte de una lucha simbólica más general librada por los civiles contra los autoritarios en relación con el significado de la expresión «soberanía del pueblo». Los votantes con inquietudes democráticas modificaron su estrategia y pasaron de conducir rebeliones de masas a organizar clubes electorales. Este cambio fue especialmente evidente entre los artesanos de Lima. Muchos de ellos transformaron sus gremios en asociaciones políticas: Bajo presión [de sus seguidores, los maestros artesanos] se convirtieron en elocuentes voceros del interés de su profesión. […] La organización gremial proporcionó a los artesanos una estructura prefabricada para la movilización, tal y como puede verse con claridad en su manera de formular las reivindicaciones, organizar las reuniones y manejar las presiones electorales durante el período de agitación por la cuestión de los aranceles, entre 1849 y 1851 (Gootenberg, 1981, p. 139). Los artesanos pertenecientes a los gremios más politizados de la ciudad también hicieron circular petitorios y organizaron demostraciones masivas para protestar por la eliminación estatal de las barreras arancelarias. Además, publicaron innumerables panfletos y artículos periodísticos en El Comercio, en los que recordaban a los políticos que ahora eran una fuerza política que había que tener en cuenta: «los hemos defendido […] con nuestros votos [y] los hemos elegido como nuestros representantes» (El Comercio, 1849). Los artesanos de Lima usaban el eslogan «somos la mayoría», una frase que deja ver hasta qué punto ya habían asimilado la noción de soberanía democrática. En octubre de 1854 enviaron a un cigarrero, José María García, a defender su postura ante los integrantes del Congreso Nacional, y si bien el gobierno no cambió su política, la presencia de García frente a los diputados, el presidente y los ministros de la nación señaló una modificación en el paisaje simbólico de la vida política. 126

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx