La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

¿cuáles son los principios de cada partido? ¿Cuál es el programa que proponen a la nación? Eso es lo que nunca obtenemos de ellos, y eso es, precisamente, lo que la patria exige de nosotros (El Progreso, 1849h; 1850f). Aunque el Club Progresista acusaba a sus rivales de apoyarse principalmente en «vínculos individuales, promesas, amistades y relaciones familiares para ampliar su círculo [de miembros]», en opinión del publicista chileno José Victorino Lastarria ellos hacían lo mismo: A lo que parece, son las afecciones personales y los intereses de círculo la base de los partidos. El [Club Progresista] que sostiene la candidatura de Elías ha dado su programa progresista y no dudo que el señor Elías y los hombres eminentes que lo proclaman tendrán el propósito de realizarlo. Lo que dudo es que ese programa reúna […] la opinión de todos los afiliados […]. [Sin esto] no hay verdadero partido político [en el Perú]. Otro tanto puede decirse de los propósitos del partido de Vivanco y del de Echenique (El Progreso, 1849g; Lastarria, 1967, pp. 108-109). Los progresistas utilizaban un argumento «universalista» basado en principios «generales» a fin de distinguirse de sus rivales, aunque de hecho unos y otros se valían del clientelismo y la prebenda para reclutar miembros y promover su causa. Las prácticas electorales en el nivel local eran extremadamente corruptas. En Lima, por ejemplo, donde los clubes de la oposición y los auspiciados por el gobierno eran más numerosos y activos, los miembros de los últimos despojaban a «cientos de votantes […] de su derecho al sufragio», alteraban los padrones y daban a «vagos y ladrones» boletas marcadas para depositar en la urna (Martínez (ed.), 1850, pp. 6 y 10). El día de los comicios los clubes rivales tomaban diferentes zonas de la ciudad y la dividían; se apoderaban de todos los cafés y tabernas, montaban guardia en todas las grandes arterias en defensa de su terreno y atacaban a los miembros del bando contrario con cuchillos y palos. No había barrio donde no se desataran riñas callejeras por el control de la urna donde se habían depositado los votos; el bando ganador se deshacía de todas las boletas del candidato contrario (Martínez (ed.), 1850, pp. 10-16 y 18)111. En poblaciones remotas de Ayacucho y Cajamarca, donde la vida asociativa no se había desarrollado, los soldados atacaban y encarcelaban a los votantes antigubernamentales y pagaban a grupos del pueblo llano para que hicieran lo mismo (Martínez (ed.), 1850, pp. 18-33, 36-39, 47-54 y 6369). La vida de los clubes en Tacna, Ayacucho y Huancavélica era débil, 124

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