y los ciudadanos fusionaban el civismo y el incivismo para socavar el régimen autoritario y anunciar la vida democrática. La ciudadanía política había comenzado a soliviantarse, aunque solo había asomado en unos cuantos lugares y apenas era sostenida por unos pocos peruanos. La mayoría de los clubes electorales (catorce, es decir un 66%) aparecieron entre 1849 y 1853; casi todos se crearon en los meses anteriores a las elecciones y se disolvieron poco después de estas. El Club Progresista era, sin lugar a dudas, el más importante de su tipo, con delegaciones en Lima y las capitales y principales ciudades de varios departamentos, entre ellas Cajamarca, Cusco, Huaraz, Puno y Trujillo (Basadre, 1961-2, p. 918; Orrego, 1989). La creación de clubes en estos lugares provocaba la aparición de otros, lo cual daba un carácter dinámico y competitivo a las elecciones en las parroquias. El ejemplo de Cajamarca es típico en este aspecto. Los ciudadanos se habían «dividido en cuatro campamentos […] [y] antes de que los gendarmes los atacaran se unieron en un solo partido para poner fin a los abusos del gobierno» (El Comercio, 1850). Los clubes brindaban a los ciudadanos la oportunidad de forjar alianzas horizontales entre grupos políticos rivales para desafiar a los militares que se enseñoreaban sobre ellos. Pese a su significación, los clubes eran pocos, insuficientes para cuestionar el régimen autoritario en el país, y la mayoría se concentraba en Lima. Las relaciones sociales eran en ellos intensamente personales y un tanto clientelistas, para consternación de sus dirigentes. Los editores de El Progreso, un diario que apoyaba al Club Progresista, atribuían este defecto a la falta de experiencia política de la ciudadanía, y alentaban a los miembros de base a cambiar sus actitudes: El Club […] no está motivado por individuos ni apegado a ellos […] y es independiente de cualquier interés personal. Nuestra única razón de ser es participar en las elecciones y solo perduraremos mientras estas estén en vigencia. […] No tenemos otra manera de demostrar nuestro argumento que utilizar los diarios y apoyarnos en la participación (El Progreso, 1849g). A su modo de ver, los lazos políticos entre ciudadanos eran diferentes de las relaciones sociales. Los primeros se basaban en principios ideológicos, en tanto que las segundas se fundaban en la ventaja personal y la lealtad: Los otros partidos se concentran deliberadamente en […] personalidades […]; los nombres de Echenique y Vivanco resuenan en uno y otro bando, cada uno de los cuales hace flamear su estandarte y quema incienso delante de su líder. […] Pero 123
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