a cargo del presidente Santa Cruz a ocupar el país. Bolivia anexó al Perú y lo gobernó como parte de una confederación hasta 1839. Desde entonces hasta mediados de la década de 1840, el régimen civil se asoció en el Perú al antinacionalismo. La elección presidencial de 1850-1851 fue la segunda ocasión, desde la declaración de la independencia, en que los ciudadanos se valían de medios electorales para transferir el poder de un gobierno a otro. Más importante, era la primera vez que los ciudadanos organizaban clubes electorales y se apoyaban en ellos para debilitar el control gubernamental del proceso electoral en el nivel parroquial. El surgimiento de los clubes denotaba un cambio sutil en la subjetividad política de los ciudadanos, que se imaginaban como ciudadanos democráticos y no como aliados menores de las élites legislativas. En la rebelión ciudadana de 1831, los peruanos con inquietudes democráticas se alzaron para expresar su apoyo al Congreso y su elección del presidente; participaron en las elecciones solo en la última etapa del proceso. Los clubes electorales, en contraste, se organizaron desde el inicio; se concentraban en los comicios parroquiales, primera etapa del proceso electoral, y su objetivo era aumentar la participación de los votantes. Marcaban de tal modo un cambio importante en la vida política. Dichas elecciones presidenciales de 1850-1851 fueron las más concurridas y disputadas hasta ese momento. Los ciudadanos participaron desde el principio en las parroquias. Entre los ciudadanos de Lima, «las discusiones de los diarios […] se han convertido en concursos de gritos […], hay un intercambio constante de cartas privadas y los residentes de las parroquias no dejan de organizar reuniones […] en apoyo de uno u otro candidato» (Martínez (ed.), 1850, pp. 5-6). Estas elecciones también fueron más violentas y corruptas que cualquiera de las anteriores; la oposición estaba organizada y preparada para cuestionar el control continuo que los funcionarios estatales ejercían sobre los lugares de votación. La competencia fue feroz en el nivel parroquial, el único lugar donde una expresión abstracta como «soberanía del pueblo» era palpable (El Progreso, 1850c). Estas fueron asimismo las primeras elecciones en las que los ciudadanos organizaron clubes electorales en todo el país para plantear un reto al control militar de la vida política. Las parroquias que tenían los clubes más activos eran las más cívicas, pero, por paradójico que parezca, también las más violentas. Las prácticas electorales en el terreno político eran tan híbridas como en todos los otros, 122
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