proceso en fraudulento y corrupto109. Pero en la última etapa los diputados retiraron su apoyo al candidato oficial y votaron al candidato opositor, Luis de Orbegoso. El presidente (Agustín Gamarra) convocó al ejército y anuló las elecciones, ante lo cual la ciudadanía reaccionó con la organización de rebeliones en todo el país (Blanco, 1974, pp. 124 y 222; Basadre y Chocano, 1953, pp. 1-2; El Genio del Rímac, 1833c; 1833d; 1834h; 1834i; 1834j; Doce Ciudadanos de Chincha-Abajo, 1833; Bolívar, 1833; El Telégrafo de Lima, 1833a; 1833b; Valdivia, 1874, pp. 19-20). Si bien esta elección fue tan fraudulenta como todas las restantes, fue la única que movió a los ciudadanos a la acción, una indicación de que estos le habían atribuido una significación especial y habían investido el proceso electoral con su propio sentido de la soberanía democrática. Los civiles lanzaron rebeliones locales en Lima, Ayacucho, Cusco, Arequipa y varias ciudades más pequeñas y aldeas de todo el sur entre enero y agosto de 1833. La primera estalló en Lima, cuando los integrantes del ayuntamiento, junto con los «vagos, esclavos y […] los miembros más depravados de la sociedad […], llenaron la plaza central y las calles de la capital y comenzaron a intercambiar disparos con los soldados» a lo largo de toda la noche, hasta que, al amanecer, el ejército y el presidente se vieron obligados a abandonar la ciudad. El «populacho» entró en liza y atacó los principales signos visibles del régimen militar, «se abrió paso hacia el Palacio Presidencial y saqueó las casas de gamarristas conocidos […] [y] también la Academia Militar» (Basadre, 1961-1, p. 336)110. Los plebeyos que elegían estos blancos y los atacaban parecen haber tenido mucha más conciencia política de lo que suele suponerse (Basadre, 19611, p. 336). Alzamientos similares se produjeron en las provincias. El general Echenique, leal a Gamarra, señaló durante su marcha desde Lima hasta el altiplano andino que los residentes del valle de Canta, cerca de la capital, estaban «en armas contra nosotros […], en tal grado que ni siquiera era posible [conseguir alimento y provisiones] de los niños y las mujeres». Más tierra adentro, en la ciudad minera de Pasco, más de mil hombres armados con rifles y hondas bloquearon la entrada a la población e impidieron así el ingreso del ejército de Echenique. En Ayacucho, en julio del mismo año, indígenas y mestizos se unieron para expulsar al prefecto local, un aliado del presidente Gamarra (Echenique, 1952, pp. 5155; El Genio del Rímac, 1833a; 1833b). Prácticas antiautoritarias surgían incluso en Cusco, lugar natal de Gamarra: en agosto de 1830, una coalición compuesta de artesanos, abogados, eclesiásticos y, por 120
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