La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

que volvían a sus comunidades se convertían en puentes socioculturales entre el mundo criollo y el mundo indígena, infundían costumbres democráticas en su familia, amigos y conocidos y contribuían, a su manera, a la unificación política y cultural de la nación (Fuentes, 1867, pp. 171-172). La experiencia de la batalla inculcaba a los combatientes nociones de patriotismo democrático. En palabras de Juan Bustamante, un mestizo de Puno y uno de los defensores de los pueblos indígenas más comprometidos del país, las mujeres de Pucará (Puno), cuatro años después de la batalla de Motoni (1841), solían reunirse en sus casas para conmemorar y recordar «las heroicidades que sus maridos y sus hijos desplegaron en aquella batalla; hablan de ella con amor, ¿qué digo con amor?…, con una suerte de delirio muy laudable». Y Bustamante agrega en una nota al pie: «Ni es extraño puesto que ellas mismas ayudaron al triunfo ocupándose en hacer cartuchos, conducir armas y municiones de boca y guerra al mismo campo de batalla» (Bustamante, 1849, p. 14)99. Aun en esa remota aldea andina, cerca de la frontera con Bolivia, donde los residentes se mantenían aferrados a sus propias formas de vida, su experiencia y, quizá más importante, el recuerdo y el relato comunitarios de las hazañas de guerra tenían un efecto transformador en su sensibilidad. El servicio militar y la participación en la guerra generaban en los soldados una sensibilidad democrática y contribuían así a la difusión de la soberanía del pueblo y la nacionalidad entre los grupos rurales, en un momento en que había escasas maneras de llegar a ellos. Pero el servicio militar también tenía una influencia nefasta sobre el desarrollo de la ciudadanía democrática y el nacionalismo. El trato en el ejército era brutal y despótico y transformaba a los conscriptos en ciudadanos dóciles, disciplinados y temerosos que se aterrorizaban ante los funcionarios gubernamentales y, en muchos casos, llegaban a rechazar la idea de nacionalidad y patriotismo promovida por el gobierno central. Los reclutas eran perseguidos y atrapados, se los sometía a salvajes palizas y los encerraban durante varios días en prisiones improvisadas, para hacerlos marchar luego a las guarniciones más cercanas del ejército, donde volvían a sufrir malos tratos infligidos por el comandante del campo, que solía «cortarles el pelo y marcarles las orejas a fin de que pudieran ser fácilmente reconocidos y fusilados en caso de deserción» (Aljovín, 1996, p. 203)100. Para muchos indígenas, el uso del pelo largo estaba ligado al honor social y tenía otra significación simbólica. Para los pueblos andinos, 112

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx